JOSÉ CARLOS FUERTES ROCAÑÍN, Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psiquiatría Legal y Ciencias Forenses. @jcfuertes.


Estamos en unos tiempos peculiares, diferentes para todo, es la llamada “nueva normalidad”. Y como los tiempos han cambiado muchísimo, una de las fiestas más significativas, como es la Navidad, también se ha transformado. Baste de aperitivo como ahora en muchos casos ya ni tan siquiera se felicita la Navidad, solo nos atrevemos, como mucho, a decir felices fiestas, no vaya a ser que ofendamos a alguien.

Por mi consulta de Psiquiatría están pasando últimamente muchas personas que llevan muy, pero que muy mal la Navidad. Unos porque les produce tristeza al recordar a los que ya no están o los tiempos pasados recordados con nostalgia; otros porque en estas fechas se les incrementa su ira y cólera al sentirse manejados por un consumismo voraz y desaforado; a muchos porque ven en la Navidad y Reyes una marcada hipocresía social lejana del origen espiritual y religioso; y a una gran mayoría porque, en mayor o menor medida, se ven “obligados” a realizar una serie de “rituales” que empiezan con la cena del día de Nochebuena, siguen con los cotillones de Fin de Año, y concluyen, afortunadamente,  el día de Reyes.

Para gustos los colores. Lo que es indudable es que la sociedad; es decir, todos nosotros, parece que necesitamos tener símbolos para, quizá, olvidar la condición humana. Es decir, olvidar la fugacidad de la vida y los avatares que sufrimos en el día a día. Hay que romper con lo de siempre y hacer cosas diferentes. Lo malo es cuando nos damos cuenta de que “esas cosas diferentes” las hacen también los demás, curiosamente a las mismas horas y los mismos días.

Las Navidades son ahora, esencialmente, días de fiesta, de jolgorio y, sobre todo, de compra compulsiva y mercadeo para estar a la “altura” y cumplir con los esquemas sociales. Tú me das, yo te doy, y todos contentos y, con la ansiedad controlada y con paz interior. Hemos hecho lo que se espera de nosotros, lo correcto, lo que se debe hacer.

Este año, además, con la COVID-19 llamando de nuevo a la puerta, la situación es un poco más enrevesada, y no es para menos. Ir con mascarilla FFP2 a las cenas y eventos, abrir y cerrar ventanas y balcones, abrigarse en esos intervalos para no sufrir neumonía no COVID, pero neumonía, al fin y al cabo, mantener la distancia personal e interpersonal, acortar la reunión, efectuar los preceptivos lavados con gel… en fin, que parece más un programa de ingreso en una academia militar, que acudir a celebrar una reunión familiar.

La Navidad se ha desnaturalizado y se ha convertido en unos días de vacaciones y poco más, al menos para una gran parte de la sociedad actual. Son días donde los más privilegiados pueden cambiar de aires, disfrutar de la familia o, si lo desean, no hacer nada de nada y descansar de la tensión de la vida laboral.

Lejos quedan belenes, villancicos, obras de caridad, días de seguimiento de los afortunados de la lotería, en fin, todo pasa ahora con extrema fugacidad. Por eso un servidor se limita sin entrar en más disquisiciones a desearles simple y llanamente Feliz Navidad y mucho bienestar para el resto del año.

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