ARTURO-JOSÉ GONZÁLEZ ASCASO, Consultor y fotógrafo.


Me envían un enlace a una página de la Red Social Facebook de una de las excelentísimas próceres de nuestro Ayuntamiento en las que se pueden ver unas fotos acerca de la representación de nuestra amada ciudad, el día de Zaragoza, en la edición de este año de FITUR, la Feria Internacional de Turismo, en IFEMA Madrid.

En dicho enlace, se pueden leer diversos agradecimientos escritos con gran orgullo de la responsable de la página, y varias fotos en las que, en vez de predominar la bandera con el león oro rampante sobre campo de gules representativo de TODAS las personas residentes en la Inmortal Ciudad de Zaragoza, aparece la bandera LGTBI.

Ignoro el porqué. ¿Qué se quiere transmitir con esto? ¿Todos los habitantes de Zaragoza pertenecemos a este sentir sexual? ¿La bandera defendida por nuestros antepasados con su vida ha sido sustituida por una bandera representativa de una minoría? ¿El turismo de Zaragoza está dedicado, exclusivamente, a las personas de este colectivo? Dependiendo de tu sentimiento, ¿puedes venir a Zaragoza o no? Porque eso es lo que se transmite.

En otra de las imágenes, puede leerse un eslogan: “Por un turismo inclusivo”. Y me pregunto, ¿se hacen distinciones por orientación sexual para entrar a la Basílica del Pilar? Cuando entras al Museo de Zaragoza, ¿te preguntan si eres hetero, homo, bi?; juraría que la última vez que entré no era así. O, quizá, la entrada al Teatro Principal varía (en vez de adquirir platea, palco, anfiteatro) por tus sentimientos sexuales. Tal vez, haya plazas hoteleras en donde conste tu filiación sexual y, si eres hetero, te quedas en la calle…

No, no seamos malpensados; seguro que “inclusivo” se refiere al hecho de que se editan folletos turísticos en Braille, de que se proporciona información turística con pictogramas adaptados a las personas con TEA (trastorno del espectro autista), se ofrece a las personas mayores un servicio de sillas de ruedas gratuito para evitar el cansancio de los recorridos, etc.

Esa y no otra, es la verdadera inclusión. Lo demás es un postureo político, que no viene a cuento, ni es el momento, ni el lugar. Un postureo que provoca discriminación, segregación y exclusión a la minoría a la que se pretende agradar, y a la mayoría.

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