LUIS FERRUZ, Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad, miembro de la Comisión GIRA, Gestión Integral de Residuos de Aragón, de la DGA.


Con las informaciones y estimaciones que tenemos en este momento, el año 2022 puede enmarcarse un una gran volatilidad e incertidumbre, como siempre que se habla de previsiones a futuro en una parcela de la realidad en la que la clave son las personas, las instituciones, las empresas, los trabajadores, los consumidores. Estamos pues hablando sobre todo de personas, no de máquinas, no de matemáticas ni de informática. Este aspecto es más que relevante porque las personas, los mercados, hacen lo que tienen que hacer o vete tú a saber lo que hacen y por qué, es cierto que hay un potente marco normativo y conceptual, pero luego está la realidad económica y puede haber o no relación entre lo que debe ser y lo que es, además, y, por si fuera poco, están los shocks imprevistos por factores no previstos por nada ni por nadie, ni con información pública, ni privada, ni confidencial.

De cualquier manera, tenemos enfrente una colosal crisis sanitaria y económica en varias vertientes, con muchas incógnitas por resolver. Una de las crisis más importantes en la parcela económica que ha estallado con gran virulencia en 2021 es la crisis energética. Para 2022 los mercados de futuros en precios sobre la energía no anticipan precisamente, al menos a corto plazo, una desescalada, sino todo lo contrario. Muy interrelacionados los precios de la electricidad, el gas y los derechos de emisión de CO2 da toda la impresión que seguirán rompiendo máximo tras máximo, al menos en los primeros meses de 2022, sin duda afectados, entre otros factores, por haber pasado de un año 2020 de severo descenso en la demanda de energía a una reactivación económica mundial en 2021 después de dejar atrás lo peor de la crisis sanitaria pandémica generalizada. También influyen factores como el mecanismo de formación de precios, la especulación, ciertos aspectos geopolíticos socioestratégicos de carácter oligopolístico, así como el mix energético o proporciones de las diversas fuentes de la energía en cada país.

Para el caso español, si bien somos una potencia en energía eólica y se ha aumentando mucho su producción, no ha existido apenas repercusión en el precio eléctrico como consecuencia de la notable caída de la producción de energía nuclear, lo que ha conllevado a un aumento de producción e importación del gas, de los denominados ciclos combinados de gas. La tormenta perfecta se ha cebado en el sector de la energía al subir desaforadamente los precios del gas correlados también con el precio de los derechos de emisión de CO2. Para 2022 el panorama, con más incertidumbre y volatilidad que nunca por conjunción de diversas crisis, no cambia básicamente con las informaciones y expectativas actuales, por lo que no es descartable un escenario, entre otros  más positivos,  de cierta desaceleración económica o incluso de recesión industrial si no se toman medidas mucho más contundentes que las actuales a nivel no sólo de España sino de toda la Zona Euro.

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