LUIS FERRUZ, Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad, miembro de la Comisión GIRA, Gestión Integral de Residuos de Aragón, de la DGA.


El Premio Nobel es la máxima distinción del saber y su contribución al desarrollo de la humanidad, el máximo galardón por excelencia, de gran reconocimiento y prestigio en el mundo cultural literario y en el de la investigación científica. Para el caso español está constituido por 7 destacados ilustres españoles: dos en Medicina, que son Santiago Ramón y Cajal en 1906 y Severo Ochoa en 1959, y cinco en Literatura: José Echegaray en 1904, Jacinto Benavente en 1922, Juan Ramón Jiménez en 1956, Vicente Aleixandre en 1977 y Camilo José Cela en 1989. Hace ya más de treinta años que no tenemos un Nobel en Literatura, más de sesenta en Medicina y nunca lo hemos tenido en Física, Química, Paz o Economía.

El origen de los Premios Nobel podríamos datarlo en el 27 de noviembre de 1895, cuando Alfred Nobel en su testamento dona casi toda su herencia a diversos premios en el ámbito de la Física, Química, y Fisiología o Medicina, también en Literatura y Paz. La decisión de Alfred Nobel, que quería que su legado a nivel conceptual y financiero fuera para toda la humanidad fue «dinamita pura» muy discutida y controvertida en la opinión pública, pero sobre todo en su familia ya que en cuestiones de dinero y de tiempo normalmente el personal suele ser muy generoso, sí pero no lo siguiente sino con el dinero y el tiempo de los demás.

Hasta 1901 no se concedieron los primeros Premios Nobel y se incorporaron los de Ciencias Económicas en 1968. Se han concedido en estas doce décadas aproximadamente 600, siendo 7 españolas que es apenas un poco más del 1 por 100, significativamente bajo con respecto a lo que podríamos considerar la importancia de España en el concierto mundial con otros muchos indicadores. Si tenemos en cuenta que de España sólo han sido distinguidas la Literatura y la Medicina vemos la escasa o nula importancia que se concede desde esa perspectiva a la investigación científica española en otras disciplinas, no obstante tenemos como digo dos grandes representantes, el primer español en recibir un Nobel científico Santiago Ramón y Cajal (1 de mayo de 1852, Petilla de Aragón; 17 de octubre de 1934, Madrid) muy vinculado con la Universidad de Zaragoza, Premio Nobel en 1906 compartido con Camilo Golgi. Severo Ochoa es el segundo Nobel español científico, en Medicina en 1959. El primer español en recibir el galardón fue en Literatura José Echegaray en 1904, que inaugura la lista de nuestros 7 Premios Nobel hasta la fecha, y en particular los cinco de Literatura junto con los sucesivos de Jacinto Benavente, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre y Camilo José Cela.

Alfred Nobel, genial inventor, origen de los célebres galardones que llevan su nombre, quizás, sólo quizás, quiso “lavar” su conciencia con su gran legado de premios y dotación económica aparejada, precisando incluso en su testamento las instituciones que otorgarían los premios, ya que su invento de la dinamita y algunos usos que de ella se hacían, que no eran para lo que la inventó, lo tenían muy atribulado y apenado. El bueno de Alfred no sabía que su testamento iba a ser «dinamita pura» en el contexto familiar y de la opinión pública.

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