JOSÉ IGNACIO MARTÍNEZ VAL, Director de Martínez-Val Abogados.


Leo estos días que existe una duda existencial en el “nuevo” PP entre hacerle un cordón sanitario a VOX o convivir y pactar con él. La primera opción sería un grave error y supondría caer, una vez más, en la trampa del PSOE.

No hay que ser muy listo para percatarse de que la grandísima mayoría de los votantes de VOX no van a volver a este PP. VOX tiene un ideario y actitud claros, diáfanos y sin complejos (algo de lo que carece el PP) y esta es la razón principal por la que la gente les vota. Es, por tanto, un error pensar que los votantes más conservadores del PP descontentos con su partido voten a VOX como castigo. No es una moda pasajera en definitiva (craso error quien piense así) y si el PP aspira algún día a reabsorber a dichos votantes aplicando cordones sanitarios a VOX, no solo no va a conseguirlo sino que hará que cada vez más gente acuda al partido verde como refugio ideológico y espiritual de la derecha, aunque incluso no comulguen del todo con su ideario tradicionalista.

Así, partiendo de la base de que sería una sentencia de muerte para el PP aplicarle un cordón sanitario a VOX, el siguiente hito en Génova deberá pasar por enfrentarse, de una vez, con la consecuencia inmediata y directa de ir de la mano de VOX: la crítica y el señalamiento feroces de la izquierda, la cual desde el minuto uno acusaría al PP de echarse a los brazos de la extrema derecha usando la táctica que lleva utilizando aquella desde hace 40 años consistente en atacar, debilitar y maniatar a la derecha agitando el fantasma del facherío con el fin de que o bien no gobierne o bien, cuando lo haga un ratico, se pliegue a sus intereses e ideología a riesgo de que, si no lo hace, le tilden de retrógrada, franquista, facha, homófoba, negacionista, machista y del atleti, algo que, hasta ahora, les ha salido fenomenalmente bien pues el PP siempre ha cedido y agachado la cabeza ante la izquierda (incluso en los tiempos de Aznar) para evitar que les llamen de todo (y al final, se lo llaman igual).

En definitiva, si no quiere el PP desaparecer del tablero político a medio plazo, necesita, inmediatamente, además de no aislar a VOX (algo que su votante no desea en su grandísima mayoría), en primer lugar, un rearme ideológico fuerte y claro y, a continuación líderes brillantes que lo defiendan sin ambages y sin sucumbir ante los envites culpabilizadoras de la izquierda. Cualquier otra opción, más pronto que tarde, será el fin del PP como partido hegemónico de la derecha.

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