JOSÉ CARLOS FUERTES ROCAÑÍN, Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psiquiatría Legal y Ciencias Forenses. @jcfuertes.


Esta idea es esencial para seguir transitando por lo que llamamos vida. Hoy está de moda la llamada “psicología positiva”, que se caracteriza por tener su sustento en una concepción vital alegre, energética, activa y cuyo lema sería algo así como: “Querer es poder”.

Ya he escrito en alguna otra ocasión sobre el error de esa frase o axioma. Error, en primer lugar, porque no es cierto, ya que no siempre que uno se propone un objetivo lo va a conseguir. En segundo lugar, es un error porque puede crear mucha frustración en según qué personas, que piensan que si no consiguen su meta es porque no han hecho lo suficiente y, por lo tanto, “serían culpables” de su desgracia.

Hoy estamos ante una forma de entender la vida “excesivamente” positiva y, sobre todo, cargando todo el acento en la voluntad personal, siendo esta el elemento sustancial del bienestar y de la felicidad. Y eso, como digo, es no solo erróneo, sino incluso perverso.

Para empezar, la persona, el individuo, viene al mundo con una dotación genética determinada. Es decir, con un mapa de sus potencialidades, de sus aptitudes, de sus puntos más fuertes y de aquellos otros que son más débiles. Por supuesto que con un entrenamiento adecuado podrá modificar muchos de esos determinantes biológicos, pero no todos. Además, ese entrenamiento ha de ser muy precoz: en los 10 primeros años de la vida, máximo antes de la adolescencia, porque después, aunque es posible conseguir cambios, la plasticidad cerebral es menor.

Es decir, nuestra personalidad, forma de ser y, por lo tanto, conducta o comportamiento, está en función de lo que nos han dado a través de los genes, de lo que nos han “inoculado” en los primeros años de nuestra existencia y de lo que con todo ello en la vida adulta el sujeto sea capaz de hacer. Esto no debe interpretarse como un nihilismo vital; esto es, “como soy así, me resigno y a vivir”.

En la evolución vital tiene importancia la voluntad y, por lo tanto, la actitud que adoptemos ante lo que nos ocurre, por supuesto. Lo que no se dice es que esa “actitud” también tiene una parte biológica (genética) primordial, aunque modificable por lo que ahora se llama “epigenética”; es decir, el entorno, todo el entorno: educacional, familiar, social, laboral, etc. Pero siempre de ciertos límites.

Hay personas que tienen una propensión a interpretar negativamente todo lo que les pasa y a ver solo el lado negativo. Esta tendencia muchas veces es producida por un mal ambiente, pero también, no lo olvidemos, se puede producir por un “defecto de fábrica”, permítanme esta expresión no académica, pero sí muy ilustrativa y comprensible.

Cada persona es responsable de sus ideas, de sus palabras, de sus acciones, también de su conducta, de sus aciertos y errores. En definitiva, de las consecuencias de sus actos. Pero no es responsable de las acciones ideas, palabras errores creencias sentimientos de los demás. Es decir, no somos responsables de las consecuencias de las acciones que hagan otras personas. Esto, que es tan obvio, es sin duda una de las causas más frecuentes por las que las personas acuden a mi consulta psiquiátrica.

La realidad no la podemos modificar en muchos casos y es ajena a nuestro control. Lo que casi siempre podemos cambiar es la forma de percibirla y de reaccionar ante ella. “No es la carga lo que te destruye, sino la forma en la llevas” (L. Horne). Con todos los ‘peros’ que se le quieran poner, es un principio existencial eficaz y útil.

Para concluir, me he tomado la libertad de darles algunas sugerencias para complicarse un poco menos la vida, quizá puedan serles de utilidad. No son mías, se las he pedido prestadas a gente sabia de verdad:

– “El necio grita, el listo opina, el sabio calla”. (P. Chino)

– “No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor responde al cambio”. (C Darwin).

– “En medio de una gran alegría, no hagas promesas. En medio de un gran enojo, no respondas mensajes”. (P. Chino).

– “Las personas hacen cosas y tú decides si te afectan o no”. (M. Gandhi)

– “Recuerda que cada persona es un mundo y que no en todos los mundos hay vida inteligente”. (Anónimo)

– “La mejor receta: hacer las paces contigo mismo, disminuir la expectativa y entender que la felicidad no es tener… es ser” (Buda).

– Se está imponiendo la felicidad como una obligación e incluso como un derecho” (E. Rojas).