JAVIER MESA, Gestor Cultural.


¿Y a usted le pagan por esto? – me espetó uno de los internos recién incorporados al equipo de la Revista LA OCA LOCA del centro penitenciario -.

Evidentemente me eché a reír, como el resto de internos del equipo. Nos encontrábamos en plena tormenta de ideas, más bien dentro de una auténtica “jaula de grillos”, enredados en la gestación de la revista. Era el año 2004. De hecho, aunque sí teníamos claro que queríamos que nuestra revista volara al exterior, más allá de los estrechos límites de la prisión y de la temática penitenciaria, ni siquiera la habíamos bautizado todavía con un nombre. Necesitábamos ayuda de la “caballería”.

Así que, tras llamar a Luis J. García Bandrés, nada menos que el entonces Redactor Jefe de HERALDO DE ARAGÓN, estrené mi rol de conductor-transportista de grandes personalidades de la Cultura en el trayecto de ida y vuelta Zaragoza-Daroca.

Y fue decisivo. Este gran periodista aportó lucidez, claridad de ideas, experiencia y, sobre todo, un enorme sentido del humor. Y su generosidad e implicación con nosotros fue, desde un primer momento, clave para la puesta en marcha de nuestro otro buque insignia.

Recuerdo cómo tomándonos unas cañas, justo después de la presentación en la DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE ZARAGOZA del primer número de LA OCA LOCA , le pedí a Luis que me pusiera en contacto con el Director del FESTIVAL DE CINE DE FUENTES DE EBRO, al cual él había hecho recientemente un reportaje. Ya conocéis el resultado. José Antonio Aguilar resultó ser el gran inspirador del milagro cinematográfico en el centro penitenciario, con un entusiasmo e iniciativa tan enorme como la de todos nosotros.

Y cómo no recordar a Miguel Asensio, Jefe de Cultura de la DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE ZARAGOZA, quien, tras encontrarme desesperado ante la falta de financiación para imprimir en papel la revista, me respondió inmediatamente que ellos la imprimirían. Así, sin más y telefónicamente.

Y es que la mayor parte de las veces nos enredamos en burocracias, equipos de estudio y reuniones multilaterales, cuando lo más importante es, sin duda, la voluntad de querer hacer algo y hacerlo. Así, sin más. Eso sí, tras haber dado con la persona correcta para ayudarnos en el empeño. ¿Cuestión de suerte? Sin duda.

Por eso, tras el comentario del interno que da título a este artículo y habiendo pasado unos cuantos años y muchos, muchísimos trayectos Zaragoza-Daroca realizados desde entonces, debo reconocer, y es peligroso decirlo en estos tiempos, que se me ha pagado en exceso. Porque si los internos se han enriquecido con todos los personajes ilustres que nos han visitado en estos casi veinte años, yo también me siento así, enriquecido “casi injustamente” por el privilegio de haber compartido “intimidad” con todas esas personalidades normalmente tan fuera de nuestro alcance y que han hecho posible nuestros proyectos culturales.

Y recuerdo cuando, en los primeros tiempos de gestación de todas estas actividades, el periodista y escritor, Antón Castro, con un ejemplar de La Oca Loca en la mano, me preguntó si “lo hacía todo yo”. Nada más lejos de la realidad.

Todo esto es negociado de los que andamos por dentro, trabajadores e internos, y también por fuera, en Daroca, y, asimismo, como habéis podido leer en este artículo y en los posteriores que le seguirán, fruto de la buena voluntad y disposición de “grandes personas” que no han dudado en ayudarnos en momentos clave. Vaya, para ellas, nuestra mayor gratitud.