JULIO CALVO IGLESIAS, Presidente del Comité Ejecutivo Provincial de VOX en Zaragoza.


“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie.” La frase de Lampedusa bien podría reflejar el escenario al que muy previsiblemente nos enfrentaremos. Todo parece haber cambiado en Andalucía, como también lo pareció en su momento, cuando Rajoy venció por mayoría absoluta y desalojó a Zapatero. Se saneó la economía, llevando a cabo los recortes y ajustes por los que todavía se les critica, a él y a su ministro Montoro, pero se mantuvieron las leyes socialistas en las que todavía andamos enredados: educación, políticas de género, memoria histórica…

Pero dejemos claras varias cosas: si Moreno Bonilla disfrutó de la oportunidad de demostrar que la derecha no es tan temible como la pintaba el PSOE, a pesar de los malos resultados cosechados en su momento, fue gracias a VOX. Este último partido ha obtenido ahora cien mil votos más que en las pasadas elecciones andaluzas, que lógicamente provienen del ala derecha del PP, aunque bien es cierto que éste se ha resarcido largamente fagocitando a C´s y captando incluso votos del PSOE. El resultado de este cambio sociológico es que el PP disfruta de mayoría absoluta en Andalucía por primera vez en democracia, y que la derecha copa las dos terceras partes del parlamento andaluz.

Ante este resultado surge la gran pregunta: ¿se atreverá ahora el PP a acometer la batalla cultural e ideológica que nunca se ha atrevido a librar? Dos tercios, insisto, del parlamento andaluz la respaldarían. ¿Se limitará Moreno Bonilla a asear la economía? Aunque concluya la necesaria limpieza de las tramas clientelares de la izquierda, no lo tiene fácil. Todos los indicadores a nivel nacional e internacional son adversos de cara al futuro inmediato y, aunque tome decisiones más sensatas y honestas que quienes le precedieron, será inevitable el deterioro económico, que sufriremos todos, y el descontento de amplias capas de la sociedad. Los ajustes que acometa se le reprocharán como si él fuera el responsable de los mismos y no quienes los hicieron inevitables. Va a ostentar un incómodo poder nominal, pero ¿seguirá dejando que el poder ideológico lo mantenga la izquierda? “Quien tiene el poder es quien pone el nombre de las cosas”, y mientras se siga dejando que sea la izquierda quien decida el nombre de las cosas, quien decida qué es justo y qué no, seguirá siendo ésta quien detente el poder real, aunque ahora, transitoriamente, lo usufructe la derecha. Si no se cambian las leyes ideológicas de la izquierda, aún teniendo las dos terceras partes de los escaños de la cámara, se corre el riesgo cierto de que en cuatro u ocho años vuelvan un Zapatero o un Sánchez a reclamar lo que consideran suyo… y no lo es.

Los antecedentes no son alentadores. Pondré un ejemplo: la Universidad de Georgetown elabora cada dos años un índice que trata de responder a una interesante pregunta: cuál es el mejor país del mundo para nacer mujer. En su memoria de los años 2017-18, España ocupaba el quinto lugar del mundo. Pedro Sánchez entró a gobernar en junio de ese último año y nombró a Irene Montero ministra de Igualdad. En la memoria de la Universidad de Georgetown correspondiente a 2019-20, España había pasado a ocupar el decimoquinto puesto. ¿Va a modificar el PP las políticas de Pedro Sánchez e Irene Montero en este aspecto? Porque allí donde gobierna ha mantenido intactas las estructuras que sostienen y ejecutan esas políticas de género, a pesar de ser demostradamente ineficaces.

¿Librará esta vez el PP la batalla cultural?: esa es la gran pregunta.

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