LUIS IRIBARREN BETÉS, Licenciado en Derecho.


Hay tallas medievales que impresionan y asombran, juicios divinos en que aparecen personajes reales de la época –a los judíos cambistas, al propio rey…- como en la magnífica portada de la catedral de Tudela, en su parte de ten temor de Dios.

Está el capitel de los once músicos y el Rey David de Jaca, tallado de modo semejante a pensar que ahora sería una escultura con teclados, guitarras eléctricas y barbas hípster. En que no sale honda alguna sino vihuelas y violas de gamba o sus antecedentes. La parábola de David y la expulsión de los judíos aragoneses y el holocausto, casando mal con su condición de Goliat en las tierras ocupadas por mi pueblo no elegido en Cisjordania.

La expansión hoy añorada de Aragón hasta Sicilia, del mismo modo que los armenios, navarros, euskos o catalanes abren boquete hacia atrás para justificar su gran lo que sea, nos hacen recrear una Corona confederada que cuatribarró hasta los peces del Mar Tirreno.

Pero viéndolo más de cerca, almogávares incluidos, la lupa que muestra las arrugas habla de que las expansiones serbias hacia Kosovo, de los valles pirenaicos Ebro abajo, Castilla por todas sus extremaduras o de la Francia de París hasta el feraz Midi, qué decir de Irán o Turquía comiéndose por turnos la meseta del Ararat, tienen como causa la trashumancia.

La garantía de pastos de invierno o verano de los ganaderos nómadas.

En modo Atila, búlgaros, tártaros, montañeses ricos ansotanos que compraban latifundios por medio rebaño porque la riqueza se medía entonces en lana y ovino o de los mogoles arios ocupando Irán o el valle del Indo y Ganges y dotándolo de su mejor arte poético, la historia de la humanidad se traduce más de lo que parece en la libertad de mente de los pueblos trashumantes respecto de los miedos y justificaciones religiosas de los sedentarios. La pérdida de privilegios por la vía de la instauración del clasismo.

Lo vemos todos los días en Delicias o Perpetuo Socorro, en los centros de Huesca o Zaragoza, ¿quién es más libre o está más de paso, el mantero que se quita su equipaje o tú que lo acumulas?

Los nómadas tuareg llevaron la mejor cultura islámica a Tombuctú, los extremeños de la Mesta castellana fundaron Lima, los navegantes portugueses nietos de ovejeros se establecieron en Goa, los montañeses aragoneses ocuparon la tierra plana para llevar con seguridad jurídica su ovejas como desde el Neolítico y Roma a sus pastos mozárabes de invierno.

Porque hispano musulmanes eran todos, lo que había que hacer pasaba por cambiar el catastro y el registro. Buscar la inscripción primera que cuando no es posible se perpetra con una concentración parcelaria, una guerra civil, un incendio provocado que cambie o amplíe un uso. Ninguna relación segunda y mejor de pareja tiene la fuerza de esa primera inscripción.

Tan simple como eso, tan complejo y sutil como el Tah Majal, el capitel de las ovejas de Alquézar. Abel pastoreando catorce ovejas apiladas que además tienen mucho pelo, no son rasa: la oveja celta, sino su pelambrera y lana es como de churra tensina. Ovejas de menos porte, que viven con nada, más pirenáicas y que provienen de las capra hispánica o del Atlas, de los carneros sementales de los iberos.

Todo eso dice un capitel: que Aragón es hijo de Abel y no del apellido Cohen, que sus terratenientes lo eran en condición de ovejeros –como demostró aún ayer la generación de mi madre en California-, que su aspiración al bajar al Somontano era inequívocamente de supervivencia económica, que la primera institución económica que queda entre los europeos aún es la Casa de Ganaderos de Zaragoza.

No hay otra representación de ovejas y pastores en monumento religioso europeo, los benedictinos ya se encargaron. Oraron, laboraron, cantaron e hicieron aguardientes y vino en espacios cercados.

Pensar en qué podría sentir delante del capitel de Alquézar un kazajo, un peruano de altiplano pastor de llamas o un etíope que guarda su única vaca de la tribu rival por los pastos con kalashnikov al hombro  es sencillo: un lenguaje común, la fuerza de la imaginería universal, una explicación de su propio vagabundear comiendo por obligación tartar y yogur por falta de tiempo de curación de la leche…

No apegarse, vivir en el espacio, la familia ambulando y cuando se pueda. Lavarse el día de San Chuan y cobrar en la sanmiguelada para pasar el invierno sin faena.

¿Vida no apta para enemigos de Putin?

No es cierto: los fondos reservados, las cloacas, las piezas de avión hackeadas a Tupólev, el desarme de Ucrania, el imperio de los señores del gasoil, tienen todo de nomadismo.

Como dijo Maquiavelo, el fin del rey nómada Fernando II Aragón, su patrón de príncipe, justificó sus medios. Ninguna memoria histórica le quitará a Sos su apellido ni a Isabel la avenida de la Casa Grande de Zaragoza…

Fernando de Rojas y su ironía judía; Cervantes o Quevedo desasosegados; Gracián con el mazo dando o De las Casas denunciando la explotación americana no lo evitaron. Nos comeremos un rancho de cordero, patata y tomate para celebrarlo.

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