FRAN LUCAS HERRERO, Peregrino aragonés.


La Jacetania, esa palabra que resuena en nuestros oídos con su pasado histórico que desea avanzar hacia un prometedor futuro; esa comarca tan bella y tan dura a veces, donde están grabadas con historia las pisadas de miles de peregrinos del Camino de Santiago a su paso por Aragón; ese regalo natural del que muchas veces vecinos, agricultores, ganaderos y pequeños empresarios, con los que te detienes a conversar mientras haces el Camino desde Somport a Undues de Lerda, te comentan que les gustaría que la ruta jacobea se diera más a conocer, quizás para recobrar ese algo que se ha perdido y que antiguamente tan unido estaba a la vida social y hasta económica de los pueblos.

No les falta razón a los vecinos de la Jacetania, porque impulsar con más fuerza la ruta del Camino de Santiago podría dar ese punto de partida necesario, creando proyectos laborales relacionados con actividades turísticas, complementarias a otras, que a la vez harían posible una mejor conservación de nuestro rico patrimonio, y algo que ayudaría y pondría un granito de arena con su impulso económico a frenar a la vez la continua despoblación.

Por supuesto, incentivar la ruta jacobea no va a ser la panacea, pero sí un integrante más y continuo de esos varios elementos que deben forjarse como el elemento vertebrador del territorio, de ese núcleo que siga dando fuerza, vida y creación a la Jacetania.

No podemos tan solo seguir confiando en el turismo blanco de invierno, no podemos seguir dándole la espalda al Camino de Santiago a su paso por Aragón, porque ya perdimos gran parte -por no decir toda- de esa fuerza en siglos pasados, cuando siendo Somport la principal vía de entrada a España por los Pirineos, por circunstancias se dejó de lado, llevando hasta la ruina al Monasterio y Hospital de Santa Cristina de Somport, un emblemático lugar que incluso el histórico Códice Calixtino citaba como “ uno de los tres hospitales más importantes del mundo, de los más señalados lugares santos, templos de Dios, lugar de recuperación para los bienaventurados peregrinos, descanso para los necesitados, alivio para los enfermos…”.

¿Qué consecuencias tuvo esto? Pues llevó a que los peregrinos eligieran otra ruta ante la ya falta de infraestructura que Santa Cristina prestaba, erigiéndose desde entonces Roncesvalles como el paso más concurrido por los Pirineos. Para la comarca de la Jacetania, eso representó un duro golpe económico.

He recorrido paso a paso más de cinco veces el Camino por Aragón y debo reconocer que, salvo en lugares puntuales, como la primera etapa Somport-Jaca, está carente de infraestructura de servicios, en algunos sitios muestra deficiencias el señalamiento de la ruta y falta un poco más de información y promoción a nivel nacional. Para la gran mayoría de peregrinos con los que hablo del Camino por Aragón, es una ruta dura, solitaria, sin servicios, pero una ruta que te lleva mucho a interiorizar y conocerte mejor, y con unos sitios tan bonitos como poco conocidos.

Siempre digo que con un poquito más de ilusión y una pequeña inversión, la ruta jacobea que atraviesa nuestra tierra ganaría en visitantes y atractivo, sería un buen recurso económico dador de vida a algunas zonas, todo ello aparte de que nuestro paisaje y formidable patrimonio histórico constituyen ya una seña de identidad de la fuerza del territorio.

Como conocedor de casi todos los Caminos Jacobeos que recorren nuestro país, creo realmente en el atractivo turístico de esta nuestra vía histórica, creo firmemente que sería fuente activa en la economía local y comarcal. Creo con firmeza que un peregrino no olvidaría su paso por sitios emblemáticos y maravillosos de esta nuestra tierra, se sorprendería de la maravillosa arquitectura del románico que tenemos, porque un peregrino no busca, un peregrino encuentra y, cuando encuentra, disfruta de la plenitud histórica, gastronómica, paisajística e incluso social cuando se relacionan con quienes viven a diario en la tierra que ellos paso a paso caminan; todo ello simplemente CREA VIDA.

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