LUIS FERRUZ, Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad, miembro de la Comisión GIRA, Gestión Integral de Residuos de Aragón, de la DGA.


La demoledora inflación que nos asola como corriente persistente y continuada del alza de precios supone una notable pérdida de poder adquisitivo que se está intentando atajar por muy diversos caminos, incluyendo topes a determinados precios, produciéndose también diversos enfoques, de los cuales nos centraremos en esta ocasión en la política monetaria y especialmente en la política fiscal.

Con la política monetaria los bancos centrales y sus subidas de tipos de interés, más propiamente deberíamos llamarlos tantos de interés, buscan, aumentando el precio del dinero y de los préstamos, “enfriar” la economía y que la demanda se contraiga, de manera que la oferta reduzca precios, como es previsible, prudente y razonable en bienes de consumo, activos inmobiliarios, materias primas, etc.

La política fiscal es otro gran instrumento a nivel macroeconómico para combatir la inflación, la pérdida de poder adquisitivo y la modulación de la actividad empresarial, estando en el centro del debate ya que existe una clara diferencia de enfoque entre el Reino Unido y la Unión Europea, siendo los gobiernos europeos en general más partidarios de subsidios y subvenciones.

Mientras Bruselas apuesta por impuestos extraordinarios a los beneficios del sector bancario y energético a efectos de medidas sociales, impuestos que mucho nos tememos que pueden acabar pagando los consumidores, Reino Unido deroga la subida del Impuesto de Sociedades, reducirá el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y también el gravamen a la compra de viviendas en Inglaterra e Irlanda del Norte. Veremos también qué próximo pasos se dan en Italia.

Pero las diferencias de enfoque de política fiscal no sólo se dan a nivel general de países, sino también en cada país. En el caso de España existe un importante enfrentamiento entre el Gobierno de España y el Gobierno de algunas comunidades autónomas que prefieren, entre otras medidas, reducir la presión fiscal deflactando tarifas del IRPF por la inflación ya que en presencia de inflación, y sobre todo de alta inflación como la actual, al no actualizar a la baja las tarifas del IRPF, el efecto es una nueva merma de la capacidad adquisitiva con aumento de la recaudación.

El paso del tiempo y los datos que vayan surgiendo nos irá haciendo ver en esta crisis de la energía y deficiencias de algunos mercados que ya anunciábamos el año pasado, a la que se ha sumado una guerra que debía haberse evitado y que debe dejar paso a la negociación cuanto antes, qué medidas son las más eficaces.

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