JAVIER MESA. Gestor Cultural.


Fernando Colomo ha destacado en gran diversidad de campos artísticos y técnicos – dirección, guion, producción, interpretación, dirección de arte,… – pero, ante todo y pese a haber rodado películas durante cincuenta años, es un realizador que trasciende a su propia obra. Su mera mención, como podría ser la del Capra de “’¡Qué bello es vivir!”, “Vive como quieras” y tantas otras, es sinónimo de casi un subgénero cinematográfico personal,  un tipo especial de “COMEDIA”, con mayúsculas, basada en la observación de la realidad con unos ojos, los suyos, dotados de un optimismo existencial, una comprensión humana enorme y generosa  (sobre todo respecto de sus personajes, muy habitualmente entrañables impostores y tramposos)  y un sentido del humor sui géneris, marca de la casa.

Él mismo confesaba: “He hecho pocas comedias, y madrileñas aún menos. Lo de la comedia madrileña viene de que cuando se estrenó Tigres de papel en el Festival de San Sebastián, todo el mundo comenzó a reírse. Me imagino que porque se identificaban con lo que veían, aunque a quienes la habíamos hecho nunca nos pareció que fuera una comedia. Y sí, estaba rodada en Madrid, pero porque salía mucho más barato”.

Sin embargo, poco hacía presagiar, en sus años jóvenes, en que aspiraba a ser pintor cubista y posteriormente, dibujante de cómics (de hecho, en muchos de sus guiones se puede apreciar la silueta de Flash Gordon dibujada por él), que este arquitecto, dibujante, pintor y cinéfilo, que descubrió su pasión a los quince años, al ver “Los cuatrocientos golpes” de François Truffaut y posteriormente aficionado a Jean Luc Godard o a Antonioni, acabaría dedicando su vida a la realización de magistrales obras cinematográficas.

“Acabé el Bachillerato a los 17 años y como para ingresar en la Escuela Oficial de Cine había que tener 21, le dije a mi padre que quería estudiar Bellas Artes. A él eso no le parecía una carrera seria y como mi hermano estaba en Arquitectura, decidí seguir sus pasos”.

Para entender su dedicación plena posterior al cine, quizás deberíamos intentar comprender un poco la filosofía de vida de este gran director, su brillante adaptación al entorno, sobreponiéndose a todas las dificultades y obstáculos que la vida le iba interponiendo, con un necesario y personal toque de relativismo y humor, pero, sobre todo, sin perder de vista su gran objetivo, su pasión: el Cine.

“Mis primeros cortos los producía con el dinero que ganaba como arquitecto. Recuerdo que los hacía con el director de fotografía Javier Aguirresarobe, y él me decía: Haces un chalet y un corto”.

“Sufrí experiencias de censura absurda ya con mi primer corto, Mañana llega el Presidente, que filmé en 16 mms. Estudiaba Preu y me resultaba tan complicado pensar en el papeleo administrativo que lo rodé y luego pregunté qué trámites había que seguir para legalizar el film. Tuve que presentar el guion a censura y me lo denegaron en su totalidad, aunque no era nada subversivo sino costumbrista, porque en una escena aparecía Franco. Nunca llegué a enseñarlo”.

“Al intentar entrar en la Escuela Oficial de Cine, todos querían ser directores y los comentarios eran que esas ocho plazas ya estaban dadas: dos del Ministro, dos del Director General… Entonces vi que en Decoración sólo se habían apuntado siete para ocho plazas. Así que lo solicité y entré. Hice enseguida amistad con compañeros de Dirección, como Imanol Uribe y Miguel Ángel Díez, y los veía rodar, pero salvo esas jornadas jamás he recibido clases como director”.

En definitiva, unos inicios increíbles para alguien que posteriormente nos ha deleitado, y nos sigue deleitando, con inolvidables obras cinematográficas haciéndonos ir, de hecho “obligándonos a ir” a las salas durante casi cincuenta años a disfrutar del mejor cine.

Y es que, si como él mismo afirma: “La pintura es mi primer amor, la arquitectura mi esposa oficial y el cine, mi amante, mi eterno compañero de viaje”; de igual modo, como amantes del cine que somos, es para nuestro Festival Internacional de Cine de Daroca un grandísimo honor rendir homenaje a FERNANDO COLOMO, y declararnos fervientes amantes de su cine.

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