ÁNGEL PERALTA. Diputado en las Cortes de Aragón del PSOE por la provincia de Teruel.


Siempre se ha dicho que, para que la política funcione, quien gobierna debe encontrarse enfrente a una oposición fuerte, que realice su labor de control del Gobierno de manera férrea y que plantee propuestas ante las situaciones que ellos creen erróneas en la forma de operar de quien gobierna. Los necesarios debates y las propuestas, si existieran, deberían estar pegadas a la realidad, responder a los escenarios en los que estamos viviendo. Pero, ¿qué se puede acordar con quienes se niegan a ver la realidad?

Hace unos días se celebró en las Cortes de Aragón el Debate del Estado de la Comunidad, que anunció el inicio del final de la X Legislatura que nos lleva a las elecciones que se celebrarán en mayo. El presidente de Aragón, Javier Lambán, realizó un balance de estos años en los que el consenso entre el cuatripartito ha generado un ecosistema seguro, fiable y próspero que ha atraído empresas a todo Aragón, ha supuesto que actualmente nos encontremos a unos niveles de empleo destacables respecto al resto de España, ha permitido avanzar en leyes tan importantes como la de Protección Civil, la de Dinamización del Medio Rural o la de Agricultura Familiar y un largo etcétera que nos consagra como una comunidad con un futuro brillante pero, sobre todo, una comunidad estable.

Durante los dos días que duró el Debate del Estado de la Comunidad, una de las palabras más repetidas fue “Teruel”, tanto por Javier Lambán como por la oposición. Y llamó la atención que se hablase de nuestra provincia en dos términos totalmente opuestos: de la visión optimista y confiada en el futuro que expresó el presidente a una visión absolutamente catastrofista y llena de malos augurios por parte de la oposición, especialmente de un Partido Popular que nos ha acostumbrado a verlo todo siempre de color negro.

Está claro que cada cual ve las cosas de diferente manera, pero la realidad es más tozuda que los deseos. Lo que nadie puede negar es que, en los últimos años, en la provincia de Teruel se ha revertido la tendencia poblacional negativa, nos acercamos al pleno empleo, los municipios tienen más recursos que nunca, se están ejecutando grandes inversiones (como dos hospitales nuevos y la electrificación de la vía del tren) y se han presentado proyectos empresariales que auguran cientos de puestos de trabajo.

¿Qué no todo es perfecto? De acuerdo. ¿Qué los indicadores son como para ser optimistas de cara al futuro? Por supuesto. Entonces, ¿por qué lo ven todo negro?
¿Será que el populismo catastrofista vende más? ¿Cómo puede ser que la situación de la provincia haya mejorado tanto en los últimos años y haya quiénes se nieguen a aceptarlo? ¿Será que están ciegos? Tiene que ser la primera opción: el populismo catastrofista vende más.

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