DR. JOSÉ CARLOS FUERTES ROCAÑÍN. Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psiquiatría Legal y Ciencias Forenses. @jcfuertes.


Estos días ha saltado a los teletipos un caso ocurrido en Zaragoza en agosto pasado realmente curioso. Al parecer, una señora que estaba en proceso de divorcio ha pretendido, y casi lo consigue, sustraer impunemente una importante cantidad de dinero a su exmarido con un método peculiar.

Al parecer, la señora en cuestión queda con el exmarido (abogado de profesión) en un bar para hablar de su separación y, allí, tras algunas vicisitudes de cambio de mesa porque llovía, le pide para él una croqueta. Después, la señora se las ingenia para quedarse a solas con “la croqueta” e introducir dentro de ella un ansiolítico en dosis altas (probablemente Lorazepam).

Pasados unos minutos, el exmarido, que había tomado la croqueta a pesar de su amargo sabor, dice encontrase mal y, al llegar a casa de sus padres donde vive, apenas puede mantenerse en pie, cayendo en la cama profundamente dormido. Durante todo este tiempo, su exmujer presuntamente le había manipulado el móvil y había conseguido hacer una serie de transferencias (hasta cuatro) a su cuenta corriente.

Es decir, podríamos estar ante una variante de la llamada “sumisión química”; esto es, usar sustancias hipnosedantes para conseguir anular la voluntad y la capacidad de reacción de la víctima y, de esta forma, poder llevar a cabo el delito que pretenden.

En unos casos, hasta ahora los más frecuentes y conocidos, el objetivo de la “sumisión química” han sido los abusos y agresiones sexuales de hombres hacia mujeres. En esta ocasión, el objetivo de la señora era conseguir el teléfono de su exmarido y, a través de este, manipular sus cuentas bancarias y llevarse un suculento botín.

La falta de experiencia delictiva de la señora ha sido clamorosa. Ni se había percatado de la existencia de cámaras en el bar que recogen la manipulación “croqueteril”; tampoco observó que una de las transferencias que estaba haciendo con el móvil de su exmarido, que se hallaba en un estado de desorientación importante, se las hacía a la cuenta de la hija de su exmarido.

En fin, el caso por lo burdo y esperpéntico habría que tomarlo con cierta ironía e, incluso, con algo de humor, aunque me imagino que la víctima lo verá desde otra perspectiva muy distinta por el daño sufrido.

Usar ansiolíticos e hipnóticos como una forma de anular la voluntad y la consciencia no es nada nuevo en el mundo del delito. Lo de la “croqueta”, les aseguro que sí.

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