LUIS IRIBARREN BETÉS, Licenciado en Derecho.


Dedicado al sonriente, joven y con un sentido del humor como mínimo británico de las Midlands, doctor Cristian Blanco Torrecilla.

Pasé nueve horas en una silla de ruedas en Urgencias del Royo Villanova, con la que está cayendo. Médicos en Barbastro que no toman posesión, Lambán alentando a la privada para que produzca por favor más galenos, Alcañiz sin terminar, centros de salud como Berdún o Castejón que llevarán la vida de sus cajas rurales, con mi pie izquierdo hinchado camino de gangrenarse por lo que corta la circulación la silla, sometido a un triaje en el que vi pasar moribundos, en una ridícula sala de espera con personas sujetándose las cabezas de dolor, esquinazadas de no poder respirar…

Y muchos jóvenes esguinzados o con síntomas de Covid, la mitad, a los que les bajaba un 10% de batería cada media hora, sin –horror, cómo no lo han previsto- enchufes para cargar, con sus padres entrándoles cargadores como si fueran respiradores… con una capacidad de resiliencia que solo opera al alcance de su drogadicción.

Sometido a triaje, no me estoparon mi dolor ni a nadie. Y asistí a esperas de cuatro horas que mis compañeros de atención médica gratuita, por lo que sea y con acompañantes, no pudieron entender.

He viajado algo y he asistido en directo a la atención en África y América de personal civil, religioso y médico español –eso incluye una mayoría vasca y catalana de profesionales de la solidaridad que así allí se consideran–, ayudando con intérpretes, sin desmayo, viviendo las 24 horas en tiendas del Ejército, comiendo las raciones de supervivencia sin pestañear…

Atendiendo a pacientes de desgracias que solamente se expresaban en turco, o árabe, o creole o bantú no descansando ni para comer, liderados por dulcineas y quijotes muchos aragoneses y castellanos enjutos y de mirada compasiva pero andares de los que dejan tranquilo a cualquier ser humano. Atendiendo bien, firme, insulina en mano con extraordinaria amabilidad y humanidad.

Por qué entonces nos quejamos de estos mismos equipos cuando vuelven. La saturación de las urgencias no les compete sino en parte. Una vez entré empezó un ballet de personal sanitario diría en los umbrales hasta de pasárselo bien. Colocan mal, te dan golpes al pasar en tu pie malo… pero es que no se cabe… Dieron de cenar con delicadeza, me abrazaron a distancia Covid tras hacerme ver las estrellas retorciéndome el pie…

Van rápido para lo que pueden, están concentrados, pasan de las provocaciones de la exigencia tonta que no han visto en Beirut… Si ves a un artesano de su profesión danzando, ten relativa confianza en la humanidad. Cambian pañales, hacen radiografías exprés optimizando los medios, consuelan a moribundos observados por los que estamos en nuestro insano juicio.

Luego está mi doctor de la dedicatoria. Delgado, pequeño, ojos penetrantes y pelo negro, un médico heredero de la mejor tradición sefardí de todos los libros. Ligero de cuerpo y mente, de estos que te parece que no sudan ni se agotan por la jornada con glamour, contestador de todas las preguntas, laminador de todas las angustias a su corta edad… Para ti y tus compañeros va mi agradecimiento que no pude dar mejor por agotamiento… Es el sistema y no vosotros, y el primero es con nosotros dentro, el que… Pero hoy no estamos hablando de esto.

Todos los humanos no somos nada más que malas pruebas de rodaje. Esperad a empezar a vivir vuestra tercera vida, cerca de los sesenta, para saberlo. En archivos y todavía más en cajas negras está nuestra madera o astilla de héroes ordinarios, olvidados, mitos que nos han venido grandes. Actores de actuaciones fallidas, las vitales hasta para los profesionales de la comedia; a veces, geniales y de puerta grande; la mayoría, grotescos y de descabello propio; siempre encorvados por la cobardía de las decisiones no tomadas, de las mentiras y confesiones y lo contrario; de los abandonos y retiradas familiares, con amigos y parejas y siguiente crédito, que la sociedad de consumo aprieta.

Esos somos nosotros, doctor Blanco con 90% de batería a las siete horas de trabajo.

Honor para vosotros y mucho que aprender de ti, larga carrera que el éxito ya lo tienes.

Y gracias a la compañía de taxis que se ha dado cuenta que es necesario acompañar a los cojos solitarios, camino de legión. No todo se termina en las agencias de viajes para singles, gracias al taxista que me llevó gratis a comisaría sin dinero ni documentación y al que me trasladó a mi querido término de Agüero a cazar con un dolor de tobillo francamente inenarrable.

Que Santiago de Agüero os siga iluminando, la sociedad está en buenas manos. Mi adolescente compañera de espera se calmó de las aplicaciones con un libro. Hay presente, hagámoslo durar poniéndolo en valor.

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