CARLOS HUE. Psicólogo y Doctor en Ciencias de la Educación.


El pasado mes de noviembre, el Colegio Profesional de la Psicología de Aragón, COPPA, presentaba una guía de ayuda a las familias en la educación de sus hijos con el título “Parentalidad positiva”. Este folleto es un decálogo para ayudar a los padres y madres a acompañar a sus hijos en el desarrollo, maduración y educación basándose en una reciente corriente llamada “psicología positiva”. Dado que la función de los padres es muchas veces hoy realizada por los abuelos, se me ocurrió elaborar un decálogo que recogiera la conducta más adecuada de los abuelos y abuelas con sus nietos con el nombre de “Abuelidad positiva” que paso a señalar a continuación.

1.- VÍNCULO. El apego, nos dice la Psicología, es la base de la autoestima, de la seguridad personal, de la asertividad de las personas. Este se construye con dos elementos fundamentales: el cariño y la autoridad. Por eso, siempre desde una posición externa los abuelos debemos apoyar un estilo parental democrático que respete ambos elementos.

2.- CONSCIENCIA Y CUIDADO. Esto supone que debemos cuidarnos a nosotros, que debemos desarrollar nuestros propios proyectos personales, que no cabe dedicar todo nuestro tiempo y esfuerzo, como hacen muchas abuelas, a los nietos.

3.- ACOMPAÑAMIENTO. En especial, acompañamiento en la frustración y el duelo. Abuelas y abuelos podemos ser los mejores referentes en los momentos de frustración cuando a los nietos no les salen las cosas. También en el duelo, en situaciones de fallecimientos familiares.

4.- CRECIMIENTO COMPARTIDO. Los abuelos, las abuelas somos esencialmente modelos para nuestros nietos. Los niños actúan como si tuvieran sordera; no escuchan nuestros sermones, sino miran cómo nos comportamos. En este sentido tenemos que ser personas motivadas que motiven a otros

5.- TRABAJO EN EQUIPO. Abuelos y abuelas somos parte del equipo que está en el banquillo esperando a que nos llamen para actuar. Y, cuando más útiles seremos, será en los conflictos. Nuestra serenidad, nuestra falta de crítica o enjuiciamiento, serán elementos esenciales para la reconciliación de las partes enfrentadas.

6.- COMUNICACIÓN. Tenemos que analizar nuestra forma de comunicar no verbal, porque los gestos hablan por sí mismos. Debemos cuidar las palabras, los juicios verbales, nuestra forma de mirar, nuestra forma de apuntar con el dedo. Todos los miembros de la familia, padres y nietos, tienen la misma porción de la verdad que nosotros, aunque hayan vivido menos tiempo.

7.- LÍMITES. Aunque antes los abuelos solo dábamos caprichos, hoy, las madres y padres nos necesitan para apoyarlos en el mantenimiento de la autoridad en la casa; y, digo autoridad que significa saber poner los límites adecuados a la edad y al momento concreto.

8.- RECONOCIMIENTO. Como estamos acostumbrados a que los demás no nos reconozcan de forma clara y suficiente nuestro esfuerzo nos olvidamos de hacerlo con aquellas personas a nuestro alrededor, en este caso, nuestros nietos. Tendríamos que alabar no tanto los éxitos, como el esfuerzo realizado… y todos los días.

9.- DRISFRUTE. Los abuelos tenemos que ser modelo de esfuerzo, de disciplina, de buena relación con los demás pero, también, de saber disfrutar la vida. No buscando el placer que dura un momento, sino la felicidad que dura mucho más.

10.- CLIMA FAMILIAR. Abuelas y abuelos tendríamos que ser un remanso de paz, de alegría, de apoyo mutuo, de creatividad, de solidaridad, de amistad. Esta es nuestra principal función: ser apoyo, ser mediadores en los conflictos, ser impulsores de nuevos proyectos familiares, y siempre como he dicho antes, desde el banquillo.

Son diez puntos que podrían dar para mucho más. Son diez habilidades que van a determinar, en definitiva, nuestro grado de “abuelidad positiva”.

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