JORGE GARRIS MOZOTA. Geopolítico e Historiador.


Por fin llegó el esperado partido entre España y Marruecos que acabó como muchos pensábamos con la derrota de España; eso sí, a penaltis, que así parece que es más fruto del azar que de otra cosa, pero que todos sabemos que realmente no sólo es cuestión de suerte.

La frases típicas y tópicas del equipo que pierde un partido, a través casi siempre de la voz de su entrenador son las de “el fútbol es así”, “merecimos ganar”, “tuvimos más oportunidades”, “tuvimos un mal arbitraje” y demás excusas necesarias para quitarse responsabilidades. Pero sin embargo esta vez fue de otro modo, y no voy a  reproducir las palabras del hasta ahora entrenador de la selección nacional, llamada por algunos “la roja”, con la intención subliminal de ligarla a tal o cual opción política, desconociendo que el color rojo ha sido el que siempre ha representado a las tropas españolas desde los tercios; es decir, hace siglos y mucho antes de que aparecieran ciertas ideologías.

Muchos dirán que sólo se trata de un partido de fútbol, que no afecta para nada a las relaciones entre ciudadanos o entre países, pero desde hace muchos años, el fútbol es mucho más que un deporte; por eso, además de los himnos nacionales, a los que por cierto se les debe de mostrar respeto, a todos sin excepción, acuden jefes de Estado, presidentes de gobierno y demás autoridades políticas y deportivas.

El fútbol, pan y circo para las masas, es también el deporte más popular que emula a las batallas entre ejércitos de toda la vida; las tácticas, las banderías, los cánticos, las acciones individuales, etc., todo parece expresar la mayor o menor fortaleza de un país.

Y queramos o no, esto es así. Cuando un país no tiene una alta conciencia y valoración de sí mismo, cuando las identidades nacionales se intentan borrar o reducir a la mínima expresión, cuando no se sabe muy bien por quien y para quién se juega, y se entiende que un equipo de fútbol formado por foráneos nacionalizados, a veces la casi totalidad de sus jugadores, es lo mismo que el formado por los naturales, todo acaba siendo un sinsentido. Ejemplos los tenemos en este mundial como en otras competiciones, hay equipos disciplinados, preparados y motivados, y otros no.

El fútbol, en las competiciones internacionales y mundiales con selecciones nacionales, siempre han pretendido ser una demostración de identidad, unidad y fortaleza, y así como los mandatarios las han venido empleado para ello, también las pueden emplear para transmitir debilidad, pesadumbre y derrotismo.  Por eso, en estos pasados días, tantos y tantos africanos salieron a las calles a celebrar la victoria de Marruecos y, en casos, insultar a España y a los españoles, sobre todo por vociferantes jóvenes al calor de sus nutridas pandillas.

Sólo se trató de un partido, pero se jugó en un día especial para muchos españoles y en unos momentos críticos donde todo parece que se va muy rápidamente por el desagüe. Los hechos, las victorias, las gestas, las derrotas, las humillaciones, todo ello influye en el estado de ánimo colectivo. 

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