CRISTINA ANDREU. Psicóloga Forense.


La pedofilia es una parafilia que consiste en la atracción sexual por menores prepúberes hasta el extremo de causar malestar y/o problemas de distinto tipo al que lo padece, pero no todos ellos cometen abusos contra menores. Es decir, la pedofilia es un trastorno, pero no un delito.

Muchas personas que abusan de los niños no son propiamente pedófilos, sino que sienten mayor atracción sexual por otros adultos, aunque abusan de menores, es decir, cometen pederastria, por muchas razones. La mayoría son oportunistas, con personalidades de tipo antisocial o trastornos de la personalidad; otros tienen problemas afectivos, de soledad, que intentan compensar identificando confusamente sexo con afecto; otros por inseguridad y complejos ante sus iguales, prefieren menores a los que pueden manejar. Algunos son narcisistas que buscan la admiración del menor. Otros comienzan un deterioro cognitivo incipiente que les deja sin freno en la conducta. Incluso en otros se han encontrado tumores cerebrales que han provocado la conducta abusadora, cesando al ser extirpado el tumor. Y así distintas razones (que no justificaciones) para llegar a actos delictivos y reprochables que la sociedad rechaza profundamente.

Pero también existen pedófilos, con auténtica atracción sexual por los niños y conciencia de su problema, que no quieren tocar a ningún menor, y de hecho, no llegan a hacerlo. Pero esa lucha contra sus impulsos y el saberse considerado como monstruos por la sociedad les provoca un intenso sufrimiento. Abusar sexualmente de un niño es casi la peor cosa de la que te pueden acusar en nuestra sociedad. Durante el verano de 2013, los vecinos de un barrio residencial de Bristol, en el Reino Unido, quemaron vivo a un discapacitado de 44 años de edad a quien acusaban (erróneamente, como se supo después) de ser un pederasta.

La pedofilia puede resultar especialmente difícil de soportar para quienes no han cometido ningún crimen y se ven obligados a asumir una identidad que la mayoría de la gente considera monstruosa. Para muchos pedófilos, esa realidad es causa de depresión grave y de pensamientos e incluso actos suicidas.

Resulta difícil sentir empatía por alguien que está deprimido porque se está resistiendo a la tentación de ver porno infantil. Sin embargo, no sólo son personas que necesitan ayuda para no dañar a un menor y tener sus tendencias bajo control; ayudarles a controlar sus tendencias es una manera efectiva de proteger a los menores del abuso sexual.

Pedófilos virtuosos (www.virped.org/who-we-are.html) es un foro de internet con una postura de completo rechazo a la explotación sexual de cualquier tipo, incluyendo ver pornografía infantil. Hay varias organizaciones de personas con pedofilia en el mundo, pero muchas de ellas con una actitud poco clara o incluso positiva hacia el sexo con niños, o que defienden una disminución en la edad de consentimiento sexual requerida para mantener relaciones. Pedófilos virtuosos acepta estas leyes y su objetivo principal es ayudar a que las personas que sufren de pedofilia puedan «vivir una vida feliz, productiva y dentro de la ley». Sin tocar a un/una menor. Tienen un indudable deseo de evitar dañar a los menores. En su página se ofrecen foros de ayuda mutua, recomendaciones sobre tratamientos más eficaces, soporte en situaciones de crisis, orientaciones a las parejas y diversos recursos para evitar dañar a los menores.

James Cantor, uno de los especialistas mundiales en pedofilia, considera que grupos similares pueden ayudar a prevenir el abuso sexual infantil: «Es difícil imaginar alguien que pueda sentirse más aislado que una persona que reconoce su interés sexual hacia los niños. En mi experiencia, es en esta fase de desesperación que es más probable que un pedófilo pueda dañar a un niño» dice Cantor. «Los grupos de ayuda mutua entre personas que luchan día a día contra sus propios deseos pueden ayudar a prevenir el aislamiento, sirviendo como potenciales “válvulas de escape”, agregando protección hacia los niños y ayudando a las personas con pedofilia a mantener su comportamiento bajo control».

Iniciativas como esta contribuyen a reducir el riesgo de los menores. Hablar de los problemas es el primer paso para superarlos. Limitarnos a rechazarlos como monstruos no va a ayudar a los menores, y seguramente incremente su riesgo. El linchamiento no ayuda a nadie.

Si tiene usted ese problema, usted que se conoce a sí mismo y conoce sus tendencias, pida ayuda a un especialista. Evitar los hechos es el modo más eficaz de evitar el daño. No espere a que sea tarde y tenga que pagar el precio por haber causado daño a un menor. Será tarde para él/ella y tarde para usted.

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