JOSÉ IGNACIO MARTÍNEZ VAL. Director de Martínez-Val Abogados.


Imaginen que el padre de una familia que conocen, la cual sufre a un hijo muy conflictivo, les manifestase que en la actualidad su familia va muy bien y que existe mucha convivencia y tranquilidad. Que qué bien nos llevamos ahora y qué majo está mi niño. Uds. se alegran y le felicitan. Pero a los pocos días se enteran de que todo va mejor en esa familia porque ese hijo, que Uds. conocen y que es un egoísta y un cabrito integral, que cada dos por tres insulta, desprecia, maltrata, pega y roba dinero a su padre, ha dejado de hacer todas esas cosas porque este, para evitar el conflicto y que su hijo no se sobre con él, le da el dinero que quiere, no le reprende cuando hace algo contrario al interés familiar y no le pone cortapisa alguna a su actuar, permitiéndole hacer de todo, incluso lo ilegal e inmoral, sin consecuencia negativa alguna.

¿Qué les parece ese panorama familiar? Creo que hasta un político puede entender y percatarse de que ese hijo, si está más tranquilo y existe mejor convivencia familiar, es porque realmente su padre ha claudicado y le concede todo, hasta el más aberrante de sus caprichos. ¿Y qué ocurre siempre en estos casos? Pues que el hijo, viendo que su padre es un blando y un tonto, un idiota básicamente, cada vez le pide más y más o la lía más gorda, hasta que su padre, viendo que lo que hace su hijo ya ha traspasado sobradamente todos los límites aceptables, un día le dice que no le compra, por ejemplo, el Pilar, tornando de nuevo su hijo en ese momento a ser ese personaje violento, colérico, egoísta y déspota (que no ha dejado de serlo en ningún momento), reabriéndose de nuevo, de modo explosivo además, el conflicto familiar.

Todo esto que les cuento no deja de ser una pequeña fábula para comprender que todo lo que está haciendo este gobierno (y todos los anteriores, pero en mucha menor medida), en base a una falsa convivencia (llámenlo cese de hostilidades por claudicación de una de las partes), es alimentar a la bestia, darle caprichos a un hijo muy muy cabrón e insaciable, que la volverá a liar con más fuerza en el futuro en cuanto se le diga no a cualquiera de sus caprichos egoístas.

Creo que no hay que ser especialmente avispado e inteligente para divisar que la política del gobierno es errónea, muy errónea, especialmente errónea con Cataluña, y como siempre pasa en estos casos donde se diagnostica mal la enfermedad y se escoge un remedio equivocado para su curación que incluso la agrava, la realidad nos atizará en los morros con fuerza en un futuro cercano, más en concreto cuando vuelva a gobernar la derecha, momento en el que la Cataluña secesionista, recuperada y envalentonada, con unas leyes benévolas y hechas para favorecer sus intenciones, “lo volverá a hacer”, como han repetido tantas veces sus líderes sin rubor alguno. Y es que el que avisa no es traidor.

Creo que todos sabemos, aunque lo ocultemos, que en lo que respecta a Cataluña, irresponsablemente, en una mezcla de ingenuidad y vagancia, metemos la cabeza como el avestruz debajo del suelo para no enterarnos de la molesta realidad. Cuando los indepes nos empiecen a quemar las plumas, que lo harán, en ese momento, las cosas solo podrán terminar de una manera para todos: muy mal. Empieza la cuenta atrás.

LO MÁS VISTO