DR. JOSÉ CARLOS FUERTES ROCAÑÍN. Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psiquiatría Legal y Ciencias Forenses. @jcfuertes.


Me siento avergonzado, como médico, de la imagen torticera que se está transmitiendo a la opinión pública de que SOLO EN MADRID es donde hay problemas sanitarios, cuando estos, todos los profesionales de la salud lo sabemos bien, existen en toda España.

«Huele mal, muy mal», y un servidor tiene la impresión de que, además de los conflictos profesionales que nadie pone en duda porque sería de necios además de negar una evidencia palmaria, existe una manipulación y distorsión política muy clara a la que nos estamos prestando los sanitarios, a veces, incluso, sin saberlo.

Sobre todo, hay un déficit evidente de especialistas en todo el Estado, y no de todas, sino de algunas especialidades por una mala planificación de competencias del sistema Nacional de Salud. Por otro lado, curiosamente, el Ministerio de Sanidad no tiene ni competencias ni voluntad de actuar en aquello en lo que sí podría, y en lo que las autonomías, con una visión parcial y sesgada, muchas veces “están a por uvas”. La descentralización en una materia como sanidad, en mi opinión, no está dando los resultados que se aventuraban.

Lo triste es que muchos compañeros se dejen utilizar por los que podríamos llamar polímedicos (políticos médicos), que utilizando medias verdades, quieren provocar un descalabro de un gobierno autonómico concreto, y no de otros que están en una situación de “hambruna” similar y con unos problemas muy parecidos como ocurre en Aragón.

Servidor sería partidario de una huelga general de los profesionales sanitarios en todo el Estado, pero no centrarlo solo en Madrid, con alguna pequeña excepción producida ya en Cantabria y Canarias. Además, me gustaría también oír sobre este tema a los colegios profesionales hablar claro y sin ambages, así como verlos personarse en procedimientos contra médicos por posible mala praxis que son manifiestamente improcedentes.

Obviamente es imposible atender con un mínimo de rigor al número de enfermos que se les asigna a ciertos médicos; no es de recibo la falta de libranza adecuada, que supone una sobrecarga y un estrés laboral patológico; es improcedente e injusta la responsabilidad legal que cae sobre el médico, y que este además ignora en muchos casos; es una vergüenza que el paciente tenga que esperar horas y horas en urgencias (ya que es el único medio que tiene de ser atendido) porque no existe el personal sanitario adecuado; no es de recibo, por supuesto, “maltratar” a los profesionales sanitarios y considerarles los responsables de lo que está ocurriendo con la llamada pomposamente «mejor sanidad pública del mundo».

En fin, está claro que «cuando se siembran vientos… se recogen tempestades». Y eso es lo que se está haciendo sobre el sistema sanitario español. Pero tristemente todo este siniestro panorama lo están pagando, en primer lugar, los propios profesionales (antaño aplaudidos y hoy agredidos), luego solo algunos responsables políticos y, por supuesto, siempre el mismo: el paciente/usuario/cliente.

LO MÁS VISTO