CARLOS HUE. Psicólogo y Doctor en Ciencias de la Educación.


Puestos a pedir algo a los Reyes Magos, ¿qué preferimos?, que nos traigan alguna cosa que nos apetece o tener paz y tranquilidad en casa todo el año. Estoy convencido de que, si supiéramos que lo segundo nos lo pudieran traer Sus Majestades desde Oriente, optaríamos por ello. Todo radica en un sentimiento que, por ahora, no lo venden en las tiendas, aunque ya hay atisbos de algo parecido en forma de un neurotransmisor, llamado oxitocina. El ser humano, como el resto de los animales, está diseñado para aprender de la experiencia para salvar su vida y/o a conseguir una vida más confortable con el menor consumo de energía posible. Esto hace que cada ser humano, incluidos los gemelos univitelinos, tengamos experiencias diferentes y, por ello, tengamos opiniones diferentes como consecuencia de los aprendizajes realizados en ambientes también distintos.

Muchas veces, en mis conferencias y cursos, afirmo que dos personas, incluso siendo hermanos o pareja de hecho o matrimonio, nunca, nunca podemos ponernos de acuerdo en todo porque siempre habrá alguna cosa o circunstancia en la que, en nuestra vida anterior, hayamos tenido experiencias un poco diferentes. Pongamos el ejemplo de dos personas que están conversando en un parque al atardecer; una de ellas mira hacia el sol que le ciega; la otra mira a favor del sol y tiene una visión más nítida. Esa conversación, aunque haya sido compartida por ambas, tendrá recuerdos diferentes para cada una de ellas. Así es como nacen los desencuentros, las diferencias y, algunas veces, los enfrentamientos. ¡Ah! Y eso no es todo. Resulta que las personas tenemos la tendencia a complementar o a contradecir las afirmaciones que nos hacen otras personas. De este modo, por ejemplo, si una persona dice: “¡Qué buen día hace hoy!”, en la mayor parte de los casos la otra persona dirá: “¡No tan bueno, porque hace un poco de frío!”, o de calor, según la época. Y no es que queramos contradecir, sino que tenemos un impulso natural que nos lleva a conseguir que la otra persona aprecie la realidad tal y como nosotros lo hacemos, lo que es totalmente imposible.

De ahí que, en las comidas y cenas de Navidad, de Año Nuevo o de Reyes, cuando nos juntamos con nuestra familia extensa o con nuestros amigos debemos recordar que “nunca nos podremos poner totalmente de acuerdo” ya que, como seres humanos hemos dicho, hemos experimentado y aprendido cosas diferentes, generando, en consecuencia, ideas y opiniones distintas.

En consecuencia, sí que este nuevo año, los Reyes Magos o quien sea, nos pueden traer como regalo una caja con tolerancia. Esto es, primero, reconocer que las opiniones que cada uno expresa tienen la misma validez, ya que no pueden compararse las experiencias anteriores que las han moldeado; segundo, aceptar el hecho de que nunca, nunca nos pondremos totalmente de acuerdo; tercero y más importante, intentemos como si fuéramos exploradores en la selva, aprender de los demás otras ideas, otras formas de ver la realidad, aunque para nuestros adentros sigamos pensando como siempre lo hemos hecho.

Bien fácil es; simplemente aplicando estos tres principios de la tolerancia veremos cómo tenemos todo un año lleno de paz y tranquilidad en casa, en el trabajo o con los amigos.

Seguiremos pensando lo mismo quizás, pero aceptaremos que los otros, aunque a nuestro juicio estén equivocados, han tenido experiencias diferentes y no andaremos en discusiones continuas que nos hagan sentir mal.

¡Feliz Nuevo Año 2023 lleno de tolerancia, paz y tranquilidad!

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