Mª LUISA RUBIO ORÚS. Profesional de la Educación, escritora y pintora.


Nada, que los avances a veces son demasiado lentos; e incluso se producen hacia atrás, en alarmantes retrocesos, involucionando en tropiezos que asisten al propio miedo para acrecentarlo.

Primer día de enero y la obstinada guerraica machacando a los sin culpa. Ahí está la más sonada que empezó el pasado febrero, así las explosiones y mucho más de más; y las otras que no se nombran y llevan décadas sofocando la calma, estrangulando la confianza y las plegarias, e intentando asesinar la claridad lumínica. Estallidos de fuego que retumban entre miradas tristes e inocentes, de cualquier edad, sexo y condición, que se van apagando.

El hambruz, lo mismo. Sin terminar. Hemos atravesado diciembre para llegar a otro comienzo que empieza con lo recién dejado sin haberlo experimentados en transformación alguna, y que no se despega de la faz de la Tierra.

Estancados en el mismo punto, con bastante de la formación, a la cual se tiene acceso, para ejecutar el mal y lo estipulado bajo la dirección del sufrimiento que no ha cabida en este siglo. La suma de noticias que hacen llorar hasta los tuétanos del alma se alarga. Malestar adicional. Duelo sobre duelo.

Desde que leyese en digital la desaparición de José Luis Lasala, del cual guardo un cuadrito con una dedicatoria por detrás, parece que las cosas entre enfermedades y lo que no tiene remedio se han recreado con bastantes personas durante esta reciente jornada.

El día uno del mes que encabeza el calendario, supe de la muerte del profesor de latín en BUP y COU. Así, de sopetón, como suele ocurrir con los apartados en un margen que los ángeles sostienen, a pesar de que somos nosotros los que devolvimos a quienes habían aislado y luego se permitió agregar a una insalubre manada. Como tiene lugar entre quienes se informonean.

Toda yo tanto carnal como etéreamente he dado un vuelco subrayado en un solo gesto compungido. La respiración me fallaba. El estrépito de lo incomprensible me azuzaba desde una zozobra que mareaba.

Anteriormente también de otros fueron los ecos de golpe heráldico, mas… ¿Cómo puede ser posible que, en este caso en concreto, entre toda una amalgama de gente, nadie fuese capaz si quiera de mentarme el adiós corpóreo de este ser Humano?

En el Messenger privado de varios tienen más que señales de educación y acercamiento por mi parte ya que, en su día, con los alabamientos a la adherida, ni tregua ni hueco ni de reloj ni espacial. Asimismo, me gustas e incluso comentarios en sus muros. De verdad. No se gana para sustos.

La ironía de las apariencias vuelve con su terrible calavera carcajeadora mientras a horcajadas un esqueleto balancea su baile hipócrita, sin haber cambiado su rumbo: habiendo perfeccionado su derrotero. El chirriar de su dentadura claquea su película intencionada en la noche de la negrura.

En época medieval había unas danzas con clase y sencillez. Quienes forjan ahora el sarao de disfraces por ellos fabricado de antemano en un ayer son aquellos que, abrazados en los huesos, ya realmente daban sus comentarios a los textos literarios y los presentaban enriquecidos con opiniones variopintas, entre que una servidora los proporcionaba antes a la hora punta, liderando el plazo.

Ciertos de ellos al menos tenían la hermosa valentía de no trocar lo que sus propias cabezas y sentir les aconsejaban en esto y en otros menesteres. Eso al menos procuraba un hálito de querencia a y en el existencialismo.

Sin dejar el tema de la falta de nobleza, más tarde, la aunada retaguardia, asimismo compinchada en la calumnia por la espalda, hacía su ofrecimiento rellenado de lo que entregábamos a destiempo entre el bloque y yo. A esto se le añadía la crítica de que, si no era embutido, no tenía validez según su juicio. Por interpretación peculiar de una sola entrega de un trabajo especial, hubo quién por poco militariza una cacerolada.

Cuando, en verdad y gracias al cielo, si se justifica el pensamiento del poema o de los párrafos a tratar, la versión, idea o cristales desde los que los ojos observan en un instante dado, no hay nada que objetar. Savia joven me lo corrobora a lo largo de mi dedicado magisterio cuando ha tocado hacer comentarios de texto y me lo han razonado a su modo.

El arte es libertad desde el momento en el que no perjudica a nadie y se produce una elaboración desarrollada sin montaje alguno. Esto ayuda al crecimiento común que como especie podemos merecer. ¡Qué pena los que imaginarizan en negativo ante unas pocas palabras adjuntadas en la rima de la no ficción!

Rareza en las sensaciones, ahondamiento de malestar… Y es que una infularia de aquel período que había dejado estudios sin que nadie le apartara de ellos ni antes ni después de las dos veces en las que los abandonó, puso la excusa de que estaba contenta de tenerme como maestra, lo cual tuvo lugar cuando se le pasó lo que por dentro llevaba entre que iba parando de cargar de peso a una mochila que no me correspondía.

¡Qué pesadumbre la de los supositores que acoplaban sus intrigas! Es el día a día de la letra de cada canción el que unifica la adaptabilidad a la materia convertida en narración acorde con lo tratado.

La lengua muerta que avivaba J. Manuel supone la reliquia de un enroscamiento en el estilo, perpetra sueños que parecían extinguidos y que, no obstante, son Fénix de la ilusión.

Todavía recomponiendo los pedazos de Corazón que se me ha roto, remiendo las heridas de la incredulidad ante lo sucedido. Cada segundo versiona el sucedáneo de esos que no creían en mí y me auguraban no sé si lo peor.

Felicitando por su cumpleaños vía telefónica a una de las chicas de las implicadas en ir contra la humildad de mis hechos, comenzó a atacarme verbalmente con formas de ahorcación.

En cada latido se llegó a oír el temblor amenazante que procuró quién se atrevió destrozar la amistad que había estado demostrando desde siempre: sus crueles descalificaciones en tono mugriento y aterrador fueron tan tremendas que durante diecisiete primaveras estuvieron aguijoneando todo lo que pretendían tocar sobre mí. No sé si cualquier otro compañero de viaje del mismo barco hubiese podido soportarlo. Con toda sinceridad lo explayo.

Todo era silencio sepulcral desde hacía diecisiete otoños, hasta que desde el otro lado del hilo cordial que puse en movimiento para alegrarme con ella por su onomástica, como si me clavara un dardo envenenado y sin verla venir, la susodicha reventó para en mi contra, después de innumerables lunas, soltó de cuajo improperios abigarrados capaces de torturar la bondad más elemental. Tenía que ver con esa ausencia de esperanza sobre mí. Marcando territorio, refrotándome con fijación dicha temática. Refuerce de aquella opacidad precisa de la que me enteré por medio de su malévola rabia.

El número diecisiete con ahínco… A esa edad una rueda provocada por quien desdeñaron y por entonces recogieron, originó que notase cómo la energía se me agotaba mayormente que cuando la hallé sola. Criterios de la farsa se habían enconjuntado.

Cuanto tuve que escuchar vía tecleando sobresalía en las horas más bajas. Durante otros diecisiete inviernos retumbaban los achaques de una podredumbre ajena hasta por las murallas de la ciudad.

El mal recuerdo posee a su favor la suerte de ser salvado por el positivo. Amado Pinky, he aquí tu sonrisa estructural frente a mí sobre todo en los eventos de asignaturas que nos resultaron más exigentes.  Cuando me veías afrontarlos me contemplabas con el acierto del que tiene fe en algo con significado.

Hace no tanto, en tu correo electrónico tu «Te admiro». Nunca respondías a mis imágenes, acompañadas o no de mensaje. Y, porque sí, al ser receptora de esa escueta oración, me sentí halagada. Sabías dar a cada uno lo suyo: la reprimenda a la chulería, el aliento al esfuerzo, la magia de entre tus manos y la apertura de espíritu a todos.

Dios te bendiga otra vez. Ya de lleno.

Has vuelto al Hogar. Yo no tenía conocimiento de ello. Pero tampoco me explicaba el milagro de haber escrito asuntos de bolígrafo hace poco. Seguro que desde arriba me has inspirado. Han sido hojas, para no variar en mi costumbre, con la venia del Soberano y la aprobación de los que en Él confían. Sea largo o corto lo plasmado en el papel.

Años que no existen, vejez que es regreso al alfa porque es la omega. Juventud infinita en la niñez de la comprensión y juegos de idioma que son sapiencia de Verso en Verbo.

Te has convertido en un fiel testimonio. Esa tarde no tan lejana, después de enterarme de tu huida del dolor, mi madre me ha dicho que no olvide nuestro bagaje de paralelismos y más sobre el cariño sincero de hermandad y todavía más con mayor pureza. Gratitud hacia ti.

Año viejo, novedad. Tiempo que no es. Inventos e invenciones de clepsidras invertidas en estaciones naturales que transcurren desde la nostalgia del regreso.

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