LUIS IRIBARREN BETÉS. Licenciado en Derecho.


En un programa de radio oí una recomendación. Hablaban bien de una serie sobre el conflicto palestino desde la óptica de las tensiones que genera de vida cotidiana. La producción se llama “Fauda” y que es emitida porque compraron los derechos en esa plataforma que todo el mundo usa, porque la pagan o porque da derecho a extensiones.

La estoy siguiendo y presenta notables diferencias con el cine iraní o los culebrones turcos. Deja poso como el cine de Farhadi, que he glosado en alguna ocasión, o, añado, la literatura de Oz o Grossman –kibutzim internacionales por Israel- o las de Orhan Pamuk y Maalouf –en representación de las huestes del Islam de Saladino-.

En trama semejante a la de los guionistas de HBO, mi predilecto es el inquietante y de origen judío Mathew Wiener, hay muchas relaciones cruzadas en esta producción muy bien interpretada del canal Yes israelí.

Cada personaje entre los palestinos es una combinación entre lazarillo cobrador de subvenciones y adjudicatario de servicios por aceptar manteca no de cerdo de Israel. Eso sí, teatralizando siempre que somos musulmanes laxos pero orgullosos, aunque la autoridad palestina tenga sus evidentes limitaciones. Las que se vieron en Cataluña el primero de septiembre.

En el caso de los judíos, el comando de élite se comporta como un GAL desnaturalizado que se inserta y actúa más allá del muro, con relativo respeto nominal pero nulo en la práctica a las convenciones sobre derechos humanos, para eliminar los objetivos yihadistas correspondientes.

Que son aisladas y determinadas ovejas descaarriadas de esa –así se muestra- pequeña parte de población palestina en guerra chií permanente contra el Estado que los acorrala. Más fanáticos y radicales que los evolucionados por aburguesados y seguidores del status quo representantes de Hamás, acrónimo del “Movimiento de Resistencia Islámica” hijo de la Intifada.

El otro interlocutor histórico de América e Israel, la histórica Fatah de Arafat, aparece como agente directamente corrompido y superado. Su nombre, el acrónimo de “Movimiento Nacional para la Liberación de Palestina” (sale F por Falastín, de filisteo en arameo y árabe).

En la serie no aparecen imágenes directas de los campamentos palestinos, esos en que sí que pone huevos la gallina del odio del Estado Islámico con subvenciones de ayatollahs. Se presentan sobrevolados por drones los barrios superpoblados.

Yo he estado en Belén, Hebrón (pronunciado jebrón) y Ramallah, din don… Son escenarios con superpoblación asiática, densos y caóticos. Dado que en Cisjordania mora más de la mitad de la población del también estrecho y angustioso estado opresor, cinco millones de refugiados en la práctica.

Con poca presencia sefardí, el capitán del comando sí que se llama Moreno –huele a sefardí bilbilitanp-. Sin embargo, el grupo de asalto especial no lo componen exclusivamente judíos, sino palestinos israelíes integrados que hablan perfectamente la jerga árabe correspondiente. Ello nos lleva a qué sea catalán y vasco, y la respuesta es a efectos civiles quien quiera ser y se empadrone.

El aspecto de los actores, de los y las que no son beduinos, es askenazí de origen eslavo, polaco-ucraniano. Así como los que coordinan como ministros y altos cargos son del Likud, el partido de la consolidación que viene de la obra política de Menahem Beguín, aparecen como del mismo origen: los stetl de las ciudades del este austro-húngaras.  Cuadrados, rubios y casi pelirrojos, pero morenos de tez, reproducen la facha de Kirk Douglas.

Cada vida familiar que desarrollan las ventanas de las subtramas está constreñida por soportar una segura violencia económica, la exclusión social para los palestinos, su mala sanidad con grandes médicos pero excelente israelí, en la puerta de su casa y todo es negociable, integrada por cirujanos en parte árabes… Todos los personajes no pueden compartir con sus hijos sus nada edificantes actividades, educándoles en relevarles en sus revanchas que no comprenden.

Médicas palestinas sin chador y formación, relaciones personales pasionales entremezcladas de componentes de los dos sectores, el alcohol y el hedonismo como rasgo diferenciador ilustran sobre que la convivencia forzada y nula, revienta con facilidad.

Que no existe el mismo sentido del ocio ni pueden reírse ambas partes con el mismo monólogo, como sucede en nuestra sociedad en que no vislumbramos si existe sentido del humor o cómo es el de los musulmanes residentes. Presentándose en público poco integrados y portadores de miradas que cubican. Sin embargo, todo Dios dentro del conflicto aquí en parte inventado se descojonaba viendo “Polonia” de TV3 o “Vaya semanita” de la Euskal. Quitando quizá a cuatro portadores de cilicios de alma.

Sí se practica por todos la veneración a la acción directa, a la fuerza bruta, a las leyes del talión semitas. Los asaltantes judíos son especialistas en distancias cortas, en el cuerpo a cuerpo, hijos gimnásticos del “krav magá”. Primero entran y dan hostias y luego preguntan.

“Fauda” significa algarada, como “Ran” en japonés. Se escoge para la serie un título de Kurosawa sinónimo pero más extenso en significado que “Intifada”.

Pero qué sucede en la práctica: hay generaciones de palestinos o mañana de sirios contrarios a Asad con toda la información en el móvil pero sin esperanza de dejar el campo de refugiados.

En Israel, manifestaciones porque la segunda vuelta de las leyes en el parlamento o Knesset, las dominan opciones casi tan fanáticas como las chiíes musulmanas. Conseguir mayorías absolutas es imposible pues las opciones políticas rebasan la decena: Likud pro y contra árabes, centro izquierda lo mismo, palestinos de dentro israelíes, ultra ortodoxos y opciones de izquierda peronistas.

Algunas piensan que deberían devolverse a los palestinos todos los territorios ocupados. El israelí medio vota a Netanyahu y su gerontocracia tan a la soviética –su lugar de origen- pues es la única opción que mantiene cierto status quo, manteniendo un Estado viable. Se vaya a pescar en el barco de quien se vaya, como sucede aquí.

Sin cierta moderación, tendría relación con la defensa de una moción de censura propia de Vox, Israel iría camino de suprimir el chador a sus dos millones de musulmanes por decreto, impedir la movilidad absolutamente cada viernes por la tarde –shabat- que impediría por ejemplo, llegar a los aeropuertos.

Unos y otros de los extremos, sucede en Europa con determinadas opciones, aceptan a regañadientes estar en el sistema integrados con una sociedad laica mayoritaria…que ni viste ni se casa como Dios manda, ni es de bien.

Quizá sea una descripción que convendría someter a comparación y la conclusión es que es mejor vivir en paz y sin controles ni muros separadores entre catalanes ortodoxos y genéticamente franceses del resto en cada bloque de Barcelona. Es mi única coincidencia por conveniencia con la gata madrileña Ayuso: lo demuestra Tel Aviv, como Los Ángeles, México DF, Buenos Aires y Berlín.

En sus periodos cultural y económicamente gloriosos no han mirado el carné. Válido para ciudades intermedias como Zaragoza, Beersheva, Split o Mendoza: actividad en libertad con mecanismos correctores del libertinaje económico. Bien de becas, a la médico palestina como al músico de los tirabuzones por mera conveniencia social.

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