JOSÉ GARRIDO PALACIOS. Escritor.


Entre las puertas de Santa Engracia y el Portillo se encontraba la de Baltax o del Carmen, al suroeste del recinto del Medievo, la cual recibió al principio el nombre de Baltax en razón a unos baños emplazados extramuros en dirección a la antigua carretera de Valencia y cercanos a la Huerva. No obstante, es posible que la más antigua sea una del siglo XIII situada en el mismo lugar y comunicada directamente con los accesos de Toledo y San Ildefonso. Dicha puerta tenía un arco de medio punto y una torre en uno de sus lados.

El sobrenombre del Carmen se debe a la proximidad del convento de Carmelitas Descalzas, fundado en 1615 con ayuda de Ana Carrillo. Erigida la construcción en 1656, su estilo era neoclásico con tres aberturas rectangulares: las laterales eran pequeñas para el paso de peatones y la central de gran tamaño para carruajes y caballerías. Sobre la entrada central se colocaron el escudo de armas de Zaragoza y el año de construcción, si bien, con el devenir de los años, esos elementos se fueron erosionando por su pobre fábrica, al igual que el resto de la obra. Rememoramos también que de la parte superior colgaron las cabezas de unos malhechores ajusticiados, llamados Manón, Zoguero y Francés, el último ahorcado el 14 de marzo de 1785.  

Tal fue el grado de deterioro de la puerta del Carmen que el Consistorio se vio obligado a aprobar su demolición en 1787, y en los años siguientes se estudiaron varias propuestas. Al final se aceptó la presentada por el arquitecto municipal Agustín Sanz e inaugurada con toda solemnidad en 1792. Todo parecía que era correcto, aunque la figura escultural del león situado en la parte superior recibió críticas. El tallado del felino rampante no era muy fino, ni tampoco la calidad de los materiales empleados, por lo que, a la postre, intervino la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis con el resultado de su retirada posterior.

Con esos precedentes tan desafortunados, lo cierto fue que el acceso del Carmen ha tenido mucha celebridad en su rica historia y es la única que se conserva en la actualidad. Su fama procede de los Sitios de 1808-1809, pues la obra fue símbolo de resistencia al avance de los franceses, de lucha aguerrida, de sentimientos, de vida y de muerte, de defensa de una ciudad ante la invasión extranjera. Ha sido y continúa siendo un hito de la urbe que representa mucho más que una pretérita obra arquitectónica.

La fábrica del Carmen –asediada, bombardeada, acribillada a balazos– aguantó con estoicidad todos los ataques de los franceses y, sin embargo, no rebló. Ahí siguió erguida y poderosa, como una muestra de valor, del arrojo de personas que lucharon con pundonor y valentía ante los invasores galos. A modo de recuerdo de ese acontecimiento nos dejaron huellas de los proyectiles en sus paredes, señales de cruentos combates los días 15 de junio, 2 de julio y 4 de agosto de 1808, y el 12 de enero del año siguiente. En esas acciones destacaron todos los aragoneses, combatientes como Domingo Larripa, Pedro Hernández y Jerónimo Torres.

Otro episodio bélico fue popular tres décadas más tarde, toda vez que las tropas carlistas, al mando del general Juan Cabañero y Esponera, pasaron por la puerta del Carmen con el fin de tomar la ciudad. Mas de dos millares de hombres penetraron el día 5 de marzo de 1838 por sorpresa y ocuparon puntos neurálgicos de Zaragoza. Aprovecharon la nocturnidad y la ausencia de muchos hombres que habían ido a socorrer Gandesa ante el levantamiento de los carlistas contra la legitimidad de la Corona española en favor de Isabel II, tras la muerte de su padre Fernando VII.

Pues bien, el resultado de todo ello fue la expulsión de los carlistas del caserío zaragozano, el añadido al escudo de la urbe del rótulo ‘Siempre Heroica’, la denominación de una calle como ‘Cinco de Marzo’ y la celebración de la ‘cincomarzada’.

Un siglo después de los Sitios, en 1908, la puerta del Carmen fue declarada Monumento Nacional; y en 1927 fue también declarada Bien de Interés Monumental. Tiene una estructura de arco triunfal romano y fábrica de sillares, dotada de un vano central y dos laterales de menores dimensiones.

No queremos olvidar que, anexo a la puerta del Carmen por el este, estuvo el Café de Levante, fundado en 1898, aunque al principio fue tienda de ultramarinos regentada por Agustín Charles. Allí se mantuvo hasta 1927, cuando el Ayuntamiento decidió aislar la construcción, expropiar dicho café e indemnizar al propietario. Con el dinero obtenido Agustín se trasladó al paseo de Pamplona, n.º 9, enfrente del lugar anterior. En esta nueva empresa le acompañó Félix Blázquez, un riojano que se trasladó a Zaragoza con 14 años para trabajar a pupilo.

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