Fernando Rodrigo: «La economía está sorteando bien las incertidumbres y debemos ser optimistas»

Tras 17 años al frente de ADEA, el pasado noviembre Salvador Arenere anunció que colgaba la chaqueta de presidente y, aunque continuará como presidente de Honor, le pasaba el testigo a Fernando Rodrigo. Este licenciado en Económicas, en Derecho y máster IESE ha desarrollado su trayectoria profesional en Andersen Consulting, Gobierno de Aragón, Universidad de Zaragoza, Grupo Samca o Real Zaragoza. Actualmente dirige un family office de capital aragonés.

Tras diez años en la Junta Directiva de ADEA, Rodrigo asume esta nueva etapa con ilusión, con ganas de hacer crecer a la organización y continuar trabajando para que siga siendo una referencia para empresarios y directivos aragoneses.

PREGUNTA.- ¿Cuánto tiempo lleva formando parte de ADEA?
RESPUESTA.– Son ya diez años en la Junta Directiva, algunos años más como socio antes de ser parte de la Junta Directiva y los últimos cuatro como vicepresidente.

P.- ¿Cómo llegó a ADEA?
R.- Como tantos empresarios y directivos, me hice socio de ADEA atraído por su cartel de actividades y la posibilidad de interaccionar con otros ejecutivos.

A la Junta Directiva me incorporé en 2012. Conozco a Salvador Arenere desde hace tiempo porque habíamos colaborado durante mi etapa en el Gobierno de Aragón. En el año 2012 participamos juntos en un proyecto muy efímero como fue ese Consejo de Administración del Real Zaragoza que duró solo nueve días. En él pretendíamos solucionar el problema institucional que se había creado en torno a la Presidencia de Agapito Iglesias y las dificultades económicas que ya se anticipaban.

Salvador llegó a un acuerdo con Agapito para que un equipo de técnicos hiciéramos de puente hacia una nueva propiedad del Real Zaragoza y yo entré para hacerme cargo de la parcela económica. Las cosas no salieron como esperábamos y en cuanto vimos que no se cumplían las premisas de independencia con las que habíamos entrado a trabajar allí, nos marchamos. En aquel momento Salvador me invitó a formar parte de la Junta Directiva.

Rodrigo asume esta nueva etapa con ilusión y con ganas de hacer crecer ADEA

P.- ¿Qué supone recoger el testigo de la presidencia de Salvador Arenere? ¿Le ha dado algún consejo?
R.- Me ha dado muchos consejos, pero sobre todo que me sienta libre, que sea independiente y que siga mi propio estilo personal. Lo que no va a cambiar es la filosofía de ADEA, su ética, su independencia, su forma de trabajar y su objetivo de ser un punto de formación y de encuentro de directivos. En ese sentido apuesto por la continuidad.

P.- ¿Cuáles son sus planes de futuro para ADEA?
R.- Considero que en ADEA las cosas funcionan muy bien, por lo que lo inteligente es aprovechar toda esa inercia para seguir creciendo. Aunque cada uno tengamos un estilo personal diferente, eso no significa que vaya a cambiar la línea de trabajo de ADEA.

Pretendo apalancarme sobre todas aquellas cosas que han funcionado tan bien en el pasado, fortalecerlas e impulsarlas. El objetivo no es otro que hacer crecer a ADEA para que siga siendo una referencia entre los directivos y los ejecutivos de Aragón, que nuestros socios sientan que las actividades, la formación y el networking de ADEA es útil para el desarrollo de su trabajo y les permite obtener información y conocimientos para anticiparse a las decisiones que tienen que tomar en el día a día de su empresa en un mundo en el que todo cambia muy deprisa.

P.- Los Foros ADEA han traído a Zaragoza numerosas figuras de gran relevancia en ámbitos como la economía, la geopolítica… ¿Hay alguna persona con la que le gustaría contar en su etapa como presidente?
R.- Sí, porque además de todas las personas célebres que ya han pasado por ADEA, tenemos muchos más candidatos con los que estamos hablando y estoy seguro de que cuando sus agendas y disponibilidad lo permitan, irán pasando por nuestra tribuna de opinión.

Salvador Arenere anunció que dejaba la Presidencia tras la Convención ADEA del pasado noviembre

Además, como la realidad cotidiana es muy cambiante, seguro que van surgiendo figuras relevantes que pueden aportar visiones importantes sobre temas de interés que vayan surgiendo en el futuro.

Por poner un ejemplo, hace año y medio nadie hubiera pensado que era tan importante tener a un experto geoestratega que nos hablara de los equilibrios internacionales y del conflicto con Ucrania, con todas las repercusiones económicas que esto está teniendo tanto a nivel macro como para las empresas y los ciudadanos.

En ADEA siempre intentamos estar muy pegados a la actualidad y tratamos de anticiparnos trayendo temas de interés que permitan a los directivos tener una buena visión de lo que está sucediendo de manera que puedan adaptar sus decisiones y sus comportamientos a lo que esté por venir.

P.- ¿Cuál es su visión sobre la situación económica actual?
R.- Como no puede ser de otra manera estoy preocupado e inquieto por la situación macroeconómica.

Se acaban de publicar los últimos datos de la inflación. Los precios se están conteniendo, pero por vez primera en mucho tiempo la inflación subyacente está por encima de la inflación general. La caída del precio de los carburantes y de la electricidad ha hecho que baje la inflación. Pero en cambio la inflación subyacente, que es la que más preocupa, ha seguido creciendo porque la elevación de los precios de la energía se transmite con cierto retardo al resto de productos. Todo ello perjudica al conjunto de la sociedad: los particulares lo sufrimos en la cesta de la compra y en el encarecimiento de la vida; en las empresas se genera una tensión de costes que amenaza con una segunda ronda de inflación, algo que ya hemos experimentado en nuestro país en el pasado y que todos tememos.

Foto de familia de los miembros de ADEA en la XIII Convención

La subida de los tipos de interés tampoco es una buena noticia: a los ciudadanos se nos encarecen nuestras hipotecas y el crédito al consumo, pero es también muy mala noticia para las empresas porque la elevación de los costes de financiación puede dilatar la puesta en marcha de proyectos de inversión e incluso alguno de ellos podría cancelarse.

Lamento, por otro lado, que el incremento de la recaudación tributaria no se esté empleando para reducir el déficit público y aproximarnos a nuestros compromisos de estabilidad. Parece como si nos hubiéramos abonado a la cultura del déficit, algo que es muy peligroso porque nuestro elevado nivel de deuda es una hipoteca para las futuras generaciones que habrán de pagarlo con más impuestos o menos servicios públicos.

Así pues, hay evidencias a nivel macroeconómico como para estar preocupados.
Pero dicho esto, soy moderadamente optimista.

En primer lugar, porque no se han hecho realidad esos vaticinios catastrofistas que algunos anticipaban antes del verano. Parecía que el otoño iba a ser una auténtica debacle económica y, muy al contrario, las estimaciones de crecimiento de la economía han ido revisándose al alza. Es cierto que está habiendo una ralentización del crecimiento, pero seguimos hablando de crecimiento y ni estamos en recesión ahora ni tampoco se anticipa que vayamos a estar en el futuro.

En una situación inflacionaria como la que estamos ahora viviendo, el sector que más sufre es la industria. Como en Aragón tenemos una participación mayor del sector industrial que en el conjunto de España, tanto en este año 2022 como en el 2023 las estimaciones de crecimiento del PIB aragonés están algo por debajo de las españolas. Pero no debemos olvidar que en momentos difíciles, la industria es más resiliente y soporta mejor las crisis que el sector servicios.

Por lo tanto, parece que la economía en su conjunto está sorteando razonablemente bien todas estas incertidumbres y hemos de ser, en ese sentido, positivos y optimistas de cara al futuro. Si no hay acontecimientos externos que incorporen nuevas variables de incertidumbre, el año 2023 será un año difícil, pero creo que lo podremos sortear bien porque las empresas están más capitalizadas y nuestro sistema financiero se encuentra saneado y con un elevado nivel de solvencia.

También me parece importante resaltar que la ralentización en el crecimiento de la economía no está teniendo un impacto significativo sobre el empleo. Todos los agentes económicos están arrimando el hombro para sobrellevar esta situación de manera que aunque no haya habido formalmente un pacto de rentas, en la práctica está funcionando: los trabajadores están viendo reducida su capacidad adquisitiva pero también las empresas están ajustando sus beneficios. Podríamos decir que implícitamente está habiendo una suerte de reparto igualitario entre empresas y trabajadores, que es lo que tiene que suceder para sortear esa segunda ronda de inflación que todos queremos evitar.

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