árbol de los deseos
La plaza del Pilar ha estado muy concurrida esta mañana.

«Oye, papá, pero es que yo quiero entrar ya y estoy cansado de esperar», «pues si no quieres esperar, nos vamos a casa y te quedas sin ver a Papá Noel». Ante esta sentencia, el pequeño Carlos no podía esta mañana más que resignarse y seguir avanzando a pasos que se le hacían eternos hacia la casa de un personaje que, vestido de rojo y con una frondosa barba blanca, quiere que le traiga «un scalextric y un tractor». Al menos esos eran sus deseos, pero todo dependerá de como se porte en estas navidades que se dejaban sentir este martes festivo en la muestra navideña de la plaza del Pilar. La fila para la Casa de Papá Noel se juntaba casi con la que había para deslizarse por los rápidos trineos y el ambiente gélido y la niebla se llevaban mejor con una buena taza de chocolate caliente entre las manos. Aunque para eso también había que esperar.

Cientos de zaragozanos han abarrotado este día de la Constitución la muestra navideña de la plaza del Pilar que pasadas las 11.00 ya rebosaba vida y ganas de disfrutar. Pequeños y mayores lo hacían en el tiovivo, y aunque algún padre de familia deseaba montarse en los ponys ecológicos, estos aguantan el peso que aguantan. El Árbol de los Deseos se llenaba de anhelos para un nuevo año. Algunos no perdían la esperanza con el equipo de su corazón y pedían una y otra vez que el Real Zaragoza suba a Primera. Otros ya se adelantaban al verano y escribían en los tarjetones que «el viaje de fin de curso salga bien» y deseaban que los cuatro años de carrera se pasaran «cuanto antes» para poder convertirse en graduados universitarios.

Entre salud para los seres queridos, algún pellizco de la Lotería Nacional, la suerte en la Bonoloto y encontrar el trabajo «ideal», había un deseo que brillaba por encima de los demás: el amor. Los que ya tenían la suerte de disfrutar de un amor de película tan solo pedían que durase para siempre y los que todavía andaban en la fase de conquista se limitaban a ansiar que la chica que ocupase el corazón de cada cual les hiciese un poquito de caso. Unos metros más allá esto del amor alcanzaba su mayor esplendor y es que alguna que otra pareja se besaba bajo el muérdago que hay en la entrada de la muestra para «sellar su amor».

Los más pequeños tampoco perdían la oportunidad de escribir sus deseos en el árbol y con la ayuda de papá y mamá para coger el boli correctamente, Lidia pedía por favor que su hermano no se volviese a portar mal para que ambos tuviesen muchos regalos. Trajes de Spiderman, muñecas Barbie, una Nintendo Switch y micrófonos para cantar se colaban entre los deseos de un árbol al que todavía le caben unos cuantos anhelos más.

En la muestra navideña, el olor a chocolate, a churros y a unos gofres muy demandados, lo llenaba todo mientras algunos aprovechaban a hacerse con unos cuantos regalos para estas fechas. Opciones había y es que las bolsas iban cargadas de joyas artesanas, jabones, perfumes que cambian de olor según pasa el tiempo, gorros y bufandas, juguetes para los más pequeños y hasta salchichón y embutidos ibéricos.

Entre viajes en los ponys ecológicos, una vista desde las alturas con la noria y la visita familiar obligada al Belén de Judea, todavía había tiempo en esta mañana de fiesta, bufanda y guantes, para demostrar la maestría de algunos, y la ligera torpeza de otros, de deslizarse en la pista de hielo que, como cada año, es uno de los grandes reclamos.

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